Vivir "a la palmesana"

En marzo de 2015, ‘The Times’ declaraba Palma como la mejor ciudad del mundo para vivir. La capital balear lideraba un ranking de 50 ciudades del planeta en una información que dio la vuelta al mundo, que promocionó como nunca la ciudad como destino turístico, y que supuso un orgullo para los palmesanos y el resto de los mallorquines.

De aquello han pasado 6 años y un mes. Transcurrido este tiempo, una encuesta de la OCU sitúa a Palma como la tercera ciudad con peor calidad de vida, entre las más pobladas.

El portavoz del Ajuntament de Palma, el ‘inteligentísimo’ Alberto Jarabo (Unidas Podem) achaca este resultado tan negativo a la crisis económica generada por el coronavirus.

Mal asesorado Jarabo. O mal informado. El ‘podemita’ olvida que todas las ciudades españolas y en especial las más pobladas han sufrido también duramente las restricciones empresariales y a la movilidad ocasionadas por el coronavirus. No, señor Jarabo. Palma no es la única ciudad del mundo con coronavirus. Vigo encabeza el ranking y en Galicia han sufrido y sufren durísimas limitaciones.

El asunto debería preocupar a los que actualmente ocupan los despachos nobles de Cort porque si bien los palmesanos no fueron la principal base de los encuestados en el trabajo de ‘The Times’, los ‘llonguets’ sí han sido los que han arrojado el lamentable resultado de la encuesta de la OCU. En esa encuesta sí han opinado los palmesanos.

En sólo 6 años, Palma ha pasado de las flores a los hierbajos. Una metáfora que viene muy bien para encabezar una más que probable lista de motivos por los que Palma va en imparable decadencia, acompañada como el resto de ciudades del mundo por el coronavirus.

Hierbajos que crecen libres entre baldosas y adoquines en barrios y polígonos, pintadas y grafitis callejeros en aumento en un centro de la ciudad que nunca les ha votado mayoritariamente, incremento de los tirones de bolsos y atracos en plena calle, incesante paso de patinetes eléctricos por la acera, cámaras de seguridad de establecimientos que muestran atracos a mano armada, tristeza callejera durante los meses que no ha habido terrazas de bares y restaurantes.

Y sí, la crisis por la pandemia también ha estado presente. No levanta el ánimo del encuestado ver calles con la mitad de comercios cerrados o en traspaso. Pero esto también se da en ciudades mejor valoradas que Palma, como Vigo (encabeza el ranking), Madrid o Barcelona.

Del orgullo del territorio propio (el que los palmesanos van perdiendo según este último informe), han hablado esta semana dos líderes políticos de diferente nivel: Isabel Díaz-Ayuso defiende el ‘vivir a la madrileña’ mientras Macron anuncia el inicio de la desescalada en Francia proponiendo a sus compatriotas ‘vivir a la francesa’ para cuando abran restauración y comercio.

Las decisiones y polémicas catapultadas desde el ayuntamiento de Palma tienen mucho que ver con la caída del orgullo del palmesano: Palma pierde atractivo como lugar para vivir a pesar de su enorme belleza. Y claro que la crisis tiene que ver al ser un destino turístico, muy castigado durante el último año. Pero resulta que en ciudades mejor situadas que Palma en este ranking -Madrid, por ejemplo- han tomado medidas muy distintas a las nuestras.

Superaremos la pandemia. La economía se irá recuperando -veremos a qué ritmo-, y nos reencontraremos con una cierta normalidad. Lo peor es que cuando eso suceda volverán los delirios del Pacte de izquierdas para ponerle el pie en el cuello a la ciudad: guerra contra las terrazas, limitaciones a la actividad económica y subida de impuestos. Es marca de la casa. Es gobernar ‘a la palmesana’ de PSIB, Més y Podem. Ya tenemos sobre la mesa los primeros resultados.

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