Pocas cuentas captan mejor el ADN isleño que Postureo Mallorquín. En este caso, la tormentosa relación de los mallorquines al volante y la lluvia. Caen cuatro gotas y la isla se para. Si llueve algo más, la isla se hunde.

Pocas cuentas captan mejor el ADN isleño que Postureo Mallorquín. En este caso, la tormentosa relación de los mallorquines al volante y la lluvia. Caen cuatro gotas y la isla se para. Si llueve algo más, la isla se hunde.