El próximo sábado 15 de agosto será el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Víktor Tsoi. Seguramente este nombre será un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos y, sin embargo, es una auténtica leyenda en Rusia y en los países de la antigua Unión Soviética.
Víktor Tsoi fue, con su grupo Kinó, uno de los pioneros de la música rock en el espacio soviético, su popularidad fue inmensa y, aun hoy, está considerado la máxima figura del rock ruso.
En la asfixiante, y asfixiada, vida cultural soviética la música rock estaba considerada como un ejemplo de la decadencia de la sociedad capitalista, así como una posible semilla de subversión, así que no recibía ningún tipo de facilidad por parte de las autoridades. En un sistema político-social en el que toda actividad estaba controlada por el estado, eso significaba quedar fuera de la programación oficial de teatros, salas de conciertos, festivales y, por supuesto, de subvenciones y apariciones en televisión y otros medios de comunicación.
El rock quedaba, por tanto, reducido a un ámbito estrictamente “underground” en las grandes ciudades y fue sobre todo en Leningrado, la actual San Petersburgo, la más europea de las ciudades rusas, donde en los años 70 se fue desarrollando una escena local, con músicos y grupos pioneros como Boris Grebenshikov y su grupo Aquarius y el propio Tsoi y Kinó.
Favorecido por el nuevo clima de apertura promovido por Gorbachov, el rock conoció una rápida expansión a partir de 1985 y Víktor Tsoi y Kinó se convirtieron en los líderes indiscutibles del movimiento juvenil y en los representantes de las ansias de cambio y libertad del mismo. En esos años 80 se produjo una auténtica explosión de grupos rusos de rock, algunos veteranos de los 70 como Aquarius y Mashina Vremeni (Máquina del Tiempo) y otros nuevos como el propio Kinó, Nautilus Pompilius (nombre científico del nautilus, cefalópodo con concha considerado un auténtico fósil viviente) , Krematorii, Voskresenie (Resurrección), Alisa o DDT entre otros muchos.
En 8 años, entre 1982 y 1990, Kinó grabó 8 álbumes y alcanzó una fama y un seguimiento masivos en todo el espacio soviético. Viktor Tsoi murió el 15 de agosto de 1990, con 28 años recién cumplidos. Por menos de dos meses no pasó a formar parte del famoso club de los 27, músicos de rock que murieron con esa edad, como Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Alan Wilson, Kurt Cobain o Amy Winehouse entre otros. Pero no murió por problemas de drogas o alcohol, sino en un accidente de coche en una carretera de Letonia, donde su coche se estrelló de madrugada contra un autobús, probablemente porque se durmió debido al cansancio.
Su fama y su leyenda no han hecho desde entonces sino crecer, incluso entre las nuevas generaciones que eran niños, o que ni siquiera habían nacido, en el momento de su muerte.
El desconocimiento absoluto que tenemos en España de su música, así como del rock ruso en general, no es sino una de las paradojas de esta sociedad globalizada en la que vivimos, en la que, aunque tenemos a nuestra disposición sistemas de contacto e información de alcance mundial, solemos restringirnos a la oferta local y a la masificada e ignoramos todo aquello que nos suponga la necesidad de un cierto esfuerzo intelectual para acercarnos a culturas que nos parecen lejanas, pero que son mucho más próximas de lo que pensamos.
Si alguien siente curiosidad, en cualquiera de los archivos musicales masivos que existen puede tener acceso a la música de estos grupos. Recomendaría empezar por Kinó y por DDT, el grupo de Yuri Shevchuk, aun en activo. Y después pueden seguir explorando los grupos antes mencionados y otros muchos y, a ser posible, hacerse con las letras traducidas, casi todas son accesibles, al menos en inglés, ya que las letras de las canciones de estos grupos son parte esencial del “ethos” de todo el movimiento del rock ruso.