Tanto código ético, tanta transparencia, tanto buen gobierno, tanta gobernanza, tanta Oficina Anticorrupción y al final ni uno solo de los jetas que se han vacunado sin que les correspondiese hacerlo y saltándose el protocolo establecido, han sufrido castigo ni consecuencia negativa alguna por haberse colado a la hora de inmunizarse.
Está claro que todos ellos se han buscado alguna excusa, usualmente bastante peregrina, con la que se puede ratificar su nivel de desfachatez y sinvergonzonería. Ninguno va a decir en un alarde de sinceridad: “Pues sí, me vacuné por mis santos cojones. Os jodéis, que vosotros en mi lugar también lo hubieseis hecho, panda de desgraciados”. Todos han mascullado algún pretexto que insulta a la inteligencia de aquellos que siguen en la cola y que ahora, dadas las circunstancias de escasez de viales, se ven esperando indefinidamente mientras que otros, aprovechándose de su cargo público o elevada posición, se colaron descaradamente y ¡ya te joderás! Y por ahora todos han tenido, además, la enorme suerte de que su fechoría les salga gratis y si nada se tuerce, saldrán inmunes e impunes, lo que hará que en el futuro, todo aquel que pueda y tenga la oportunidad, siga su torcido ejemplo.
El obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, argumentó que figura en los papeles como usuario de la residencia sacerdotal Sant Pere i Sant Bernat, por más que no reside en ella. Pero es su jefe y eso basta. Ya le tenemos inmunizado contra el Covid-19 pero sin ningún crédito moral ni ético para seguir ejerciendo su ministerio episcolpal. Las ovejas huirán como si vieran al lobo, porque ha resultado serlo. Y de los peores. Además, consintió en que también se vacunaran dos sacristanes de 40 años.
El concejal de Servicios Sociales del Ajuntament de Maó, Enric Más (PSOE), se vacunó porque de él depende el geriátrico. El alcalde Héctor Pons, otro caradura de campeonato que respalda a su edil, dijo que se le había vacunado “no como concejal, sino como equipo del geriátrico”. Ratifica la tomadura de pelo el gerente del Área de Salud de Menorca, Romà Julià, ese que pretendió liquidar al jefe de UCI del Hospital Mateu Orfila en plena pandemia y al que le salió el tiro por la culata gracias a las protestas del personal.
En el Hospital de Manacor, según ha publicado Mallorcadiario.com, numeroso personal directivo y de Administración, que no salen de sus despachos ni si hay un terremoto, ha sido vacunado antes que el personal sanitario que atiende en Urgencias. La Conselleria de Salut lo justifica. Después del desliz de la presidenta Francina Armengol en el Hat Bar y las comilonas —superando el número de personas autorizadas a reunirse— organizadas por la consellera de Agricultura, Mae de la Concha, para que representantes del sector conociesen al ministro del ramo, Luis Planas, todo está permitido y aquí no pasará nada de nada, suceda lo que suceda.
Hemos llegado al punto de que el alcalde de Pollença, Tomeu Cifre, y la concejala de Servicios Sociales, Francisca Cerdà, han reconocido que periódicamente se han estado haciendo pruebas PCR a costa del erario público. I amb la cara ben alta! Ahora hay dudas de si también se han vacunado, en especial Cerdà, que no ha sido capaz de aclararlo.
Toda esta colección de abusos y excesos, y los que están por conocer y por venir, van a quedar en nada, para mayor escarnio de quienes esperan pacientemente su turno para ser vacunados. Solo recibirán nuestro mayor desprecio, nada más. Pero a quienes realmente hay que responsabilizar de todo lo que está sucediendo no es a quien se salta la cola, sino a quien lo permite y ahora, con su inacción, le resta importancia y lo tolera como un daño colateral porque el mal ya está hecho y por tan poca cosa no vamos a despedir a un compañero de partido. No vaya a parecer que somos honrados y tenemos principios. El Govern balear y en concreto la consellera de Salut, Patricia Gómez, es la responsable máxima de que el proceso de vacunación parezca el coño de la Bernarda.