El gestor aeroportuario Aena, una empresa pública con un 49 por ciento de capital privado, cotizada en bolsa, ha conseguido en el primer semestre de 2023 un beneficio neto de 607,7 millones de euros. Sus ingresos totales alcanzan los 2.333,2 millones de euros, un 24 por ciento más que en el primer trimestre del 2022. También los ingresos comerciales, derivados de las tiendas, restaurantes, oficinas de alquiler de coches, etc., están disparados, con un 29 por ciento más que el año pasado. Por tanto, el ente que preside Maurici Lucena se sitúa en niveles de prepandemia, habiéndose recuperado sólidamente de la crisis de 2020, ocasionada por el coronavirus Covid-19.
Pese a exhibir tan excelente resultado contable, el Consejo de Administración de Aena ha aprobado una propuesta tarifaria que supondría un incremento de las tasas aeroportuarias que las aerolíneas deben abonar por cada pasajero a Aena, en un 4,09 por ciento más, hasta alcanzar en 2024 los 10,35 euros por pasajero, como máximo. Esta subida es justificada por Aena en la necesidad de repercutir el incremento de los costes de prestación del servicio a sus clientes. Y no cabe duda de que las compañías aéreas, a su vez, trasladarán de forma inmediata esta subida de tasas a los pasajeros.
Las aerolíneas, por su parte, han criticado duramente la medida acordada por Aena y señalan que la subida de tasas aeroportuarias “obstaculiza el deseado camino de la recuperación”, a la vez que reclaman al Gobierno en funciones que no autorice la subida y que modere el incremento tarifario para favorecer la recuperación del sector aéreo en un contexto de tensión inflacionista, de subida de tipos de interés y de precio caro del combustible. Todo esto está muy bien, pero, lamentablemente, cuando ha habido congelación de tasas aeroportuarias, los viajeros no las vieron repercutidas en el precio de los billetes, al contrario de lo que sucede cuando las tasas aumentan.
Tras conocerse los resultados del primer semestre del año, las acciones de Aena registraron ayer notables caídas, siendo una de las empresas más penalizadas del Ibex35, lo que podría interpretarse como un rechazo al aumento de tasas que Aena, una sociedad saneada y muy rentable, pretende endosar a los pasajeros.
Si a esto sumamos que Aena también defiende la privatización de las torres de control de siete aeropuertos, entre ellos el de Son Sant Joan, uno de los aeródromos más rentables de la red de aeropuertos españoles, entonces hay que reclamar a Aena mayor responsabilidad y contención, pues no ha de perder de vista que, aunque pueda parecerlo, el negocio aeroportuario en lo relativo a la movilidad aérea, no es un negocio cualquiera. Y las decisiones tarifarias tienen su repercusión en los residentes del archipiélago.