Que Rafael Nadal haya decidido cambiar su barco por uno nuevo -con un metro más de eslora y seis más de manga- ha provocado una agria polémica sobre un eventual trato de favor hacia el tenista, a quien acusan de haber forzado una remodelación "a la carta" de los amarres en el Náutico de Porto Cristo. La denuncia ha nacido alentada por Més per Mallorca y ha crecido de manos de algunos medios de comunicación y de un nutrido coro de voces que han reclamado en las redes sociales el "fin del vasallaje" ante el tenista manacorí.
Més ha pedido al Govern que presente en el Parlament el expediente de la remodelación de los amarres, mientras que el Club Náutico de Porto Cristo se ha apresurado a desmentir cualquier trato de favor. El club ha explicado que recibió la solicitud de Nadal para amarrar su nuevo barco; una solicitud ante la que actuó de igual manera que con el resto de peticiones, solicitando un proyecto y un estudio de los ingenieros, tras lo cual -y al comprobar que no existían razones en contra- emitió un dictamen favorable y autorizó el amarre de forma temporal por un año. Insiste el club que el trámite no requirió de ninguna obra en el pantalán ni en el muelle, sólo reordenar lo que hay.
La polémica recuerda la que también puso el foco sobre Nadal cuando, hace un año, planteó ampliar su Centro Internacional de Tenis en Manacor -creando medio centenar de puestos de trabajo- y que rompió la unidad de actuación del Pacte en el Parlament, ya que la remodelación salió adelante con los votos a favor de la oposición y del PSIB, que se desmarcó de sus socios de Més y Podemos.
Está claro que el cumplimiento de la ley debe alcanzar a todos los ciudadanos por igual, independientemente de sus éxitos personales o profesionales. Ninguna fama mundial, ni la proyección de su tierra fuera de las fronteras, ni una larga lista de actuaciones solidarias y altruistas justificarían tratos de favor que incumplieran normas de aplicación general. Sin embargo, no deja de llamar la atención la inquina con que reaccionan determinados colectivos locales contra Rafael Nadal.
En otras comunidades, deportistas o empresarios de éxito -que ayudan a la promoción del territorio y crean puestos de trabajo- son respetados, admirados y puestos como un ejemplo a imitar, una actitud que, a veces, se echa de menos en Baleares y especialmente en determinados colectivos, donde la envidia y los gestos mezquinos son más comunes de lo que debieran. Poco parece importar que el mismo Nadal donase un millón de euros para los afectados de las inundaciones del Llevant o que ejerza de mallorquín en cualquier rincón del mundo; su pecado imperdonable es cambiar de barco.
Mientras tanto, quizá ajeno a todas estas pequeñas miserias, Nadal volvió a ganar este lunes en el US Open en un partido calificado por los expertos como "una gran exhibición". Ya se encuentra en los cuartos de final.