Una patera cada dos días y medio

Durante el año 2023 fueron interceptadas en aguas de Baleares o ya en tierra, un total de 136 embarcaciones con 2.175 inmigrantes irregulares procedentes del norte de África, concretamente de Argelia. Se trata de una ruta de inmigración ilegal plenamente consolidada, pues en 2022 ya arribaron a Baleares 174 pateras con 2.579 ocupantes.

Pese al descenso experimentado en un año, la situación es grave. Los migrantes que ponen su vida y su dinero en manos de las mafias que cubren la ruta con el archipiélago balear, mayoritariamente hombres, con un notable incremento de menores de 18 años, saben bien que su logran llegar a España, ya sea por su propio pie o tras ser rescatados en alta mar, no podrán ser devueltos a su país de origen.

Como todo el mundo sabe, en junio de 2022 Argelia suspendió el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con España, firmado 20 años antes, debido al cambio de postura unilateral del Gobierno de Pedro Sánchez con respecto al Sáhara Occidental. Congratulado con el Reino de Marruecos en tan espinoso asunto, el Gobierno de España se enemistó con Argelia, que desde entonces se niega a recibir a los inmigrantes que parten de sus costas con destino a Baleares.

De este modo, todo inmigrante irregular que pisa suelo español, tras un breve periodo de tiempo, queda en libertad y puede trasladarse a la península o bien permanecer en territorio balear por tiempo indefinido, aunque en situación anómala y sin papeles, lo que genera otro tipo de problemas. Por más que la Administración y las ONG que atienden a estas personas se esfuercen, son extremadamente vulnerables y pasan a estar en grave riesgo de exclusión social. No pueden trabajar de forma legal y carecen de medios propios y de recursos comunitarios para desarrollar un proyecto de vida que pueda calificarse como normal.

Sin embargo, ni desde la Delegación del Gobierno ni desde el propio Gobierno de España se hace lo necesario para tratar de normalizar la situación y contener el flujo de embarcaciones que llegan a territorio balear; y tampoco para expulsar a los inmigrantes irregulares, generando un efecto llamada que ya se asemeja a una especie de línea regular ilegal de tráfico de personas que no van a ser devueltas a Argelia.

Lamentablemente, la situación parece que se repetirá, un año más, en este 2024 que comienza, ante la indolencia de los gobernantes con competencias en inmigración y en vigilancia de las fronteras de España.

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