El verano, especialmente la canícula, es un buen momento para tener conversaciones si se consigue un ambiente de temperatura idónea. Yo, que me siento una persona privilegiada y afortunada pues se conformarme con lo que la vida me ha deparado, también tengo esas amables conversaciones habitualmente con mis hijos, los mejores del mundo por cierto, para envidia y discrepancia de otros padres.
El otro día en una de esas conversaciones mi hijo, un joven universitario con ideales, me planteaba cuestiones sobre el principio de igualdad que establece la constitución, sabedor de mis buenos resultados académicos en esa asignatura en los años 1985 y 1986. La CE sigue siendo la misma, la que no es la misma, obviamente, es mi memoria y mi visión del mundo.
Él, un joven idealista leído me manifestaba su creencia en los principios constitucionales y criticaba con cierta vehemencia el carácter reforzado que establece la propia CE para modificar el propio texto legal, la ley de leyes que lo llaman los cursis.
Mi opinión se basaba en el escepticismo que le da a cualquiera que manosea el derecho durante 32 años. Equivocadamente le quería hacer ver que la igualdad y la justicia no existen. Le cité al mismísimo Felipe González que en su momento definió el principio de igualdad diciendo todos somos iguales pero unos más iguales que los otros.
Aprovecho para desdecirme de lo que le comenté toda vez la experiencia no es extrapolable y no tengo derecho a sesgar sus ilusiones; quizás él tenga más suerte que yo y viva en un país más justo y donde la igualdad sea una realidad. Además el, por razón de la edad, tiene derecho a querer comerse el mundo, a mí ya se me ha empachado.
Una vez que he aclarado la conversación continuaré contándoles lo que creo sobre la igualdad y sobre la Justicia, especialmente ahora que vemos que insospechadamente se está juzgando a un Juez y a un Fiscal. De entrada les diré que en ese banquillo, además de los policías la fiscalía ha hecho malabares para salvar a uno de los suyos. Recuerdan a buen seguro la película salvad al soldado Ryan pues lo mismo pero en versión ministerio público.
Hace años, quizás lo he contado, tuve una reunión con el ausente y con el mejor defensor de la Infanta y lo que me contaron se parecía muy mucho a lo que cuentan los testigos del juicio en cuestión. Yo estaba, no me lo contaron y fue así. La Fiscalía anticorrupción ha hecho de la delación su santo y seña y hasta que no se pase la lejía por esas dependencias seguirá oliendo mal.Como saben, Shaw dijo que a los niños y a los políticos hay que cambiarlos con frecuencia y por las mismas razones. Sustituyan la palabra político y ya tienen la ecuación.
Les hablo de igualdad y de justicia, ya saben que opinaba Santo Tomás de Aquino, justicia es dar a cada uno lo suyo. Pero Santo Tomás, que es lo suyo? Pues lo suyo, según el mismo autor y Santo es el bien común.
Al bien común quería llegar y decirles que el concepto tomista es maravilloso pero ficticio. ¿Quién busca el bien común en nuestra sociedad?, los políticos a buen seguro que no, quizás las almas caritativas que distribuyen alimentos y demás elementos de primera necesidad a los más desfavorecidos. Creen que el domingo, inevitablemente debo hablar de las elecciones, los políticos buscan el bien común; yo considero que no, que lo que quieren es ganar, como todos en la vida, e imponer al resto de la sociedad mediante chantajes y presiones (ellos lo llaman negociar) sus dogmas y su visión del mundo.
Nosotros los ciudadanos somos unos meros convidados de piedra, un mal necesario al que los políticos tienen que exprimir los bolsillos para ellos jugar y montar sus teatrillos. Nosotros somos los que pagamos los proyectos y las ocurrencias, lo pagamos todo, las fiestas con cocaína y prostitutas incluidas. Aquí nadie que se dedica a hacer caridad con el estado, todos pagamos forzados. Y saben lo que me preocupa ahora, el poco banquillo (término futbolístico no judicial) que tiene el PP pues en mi humilde opinión nombre a personas para cargos que le vienen manifiestamente grandes. Espero equivocarme.
Para terminar una mera anécdota, todos esos cambios que se han dado en este pequeño país en algo ganaremos, que un altísimo cargo de esta tierra no irá a comprar pescado al Mercado del Olivar en coche oficial los jueves y viernes, sin ningún disimulo. Eso nos ahorraremos.
El domingo voten en conciencia pensando en lo que les conviene a cada uno de Vds. no buscando el bien común de Santo Tomás pues no lo obtendrán. Soy un escéptico.