Se quejaba amargamente el actor norteamericano Josh Brolin de quien puso de moda la absurda práctica de exponer a los rayos del Sol el esfínter anal, pero no porque eso fuera a poner en peligro la salud de muchas otras personas, sino porque él mismo había sucumbido a los encantos de semejante actividad y había experimentado sus desventajas, en forma de dolorosas quemaduras en salva sea la parte.
A mí deberían explicarme para qué diantre se quiere tostar alguien una parte del cuerpo que la prudencia manda llevar convenientemente tapada y que, además, ya de por sí suele estar bastante tostadita en la mayoría de los individuos de raza blanca. Si lo que se pretende es –un suponer- que no destaque de su entorno, lo que habrá que broncear serán las nalgas, para lo cual es ocioso e innecesario exponer nuestro orificio terminal, lo cual además exige mantener una postura bien poco decorosa.
Brolin, por tanto, demuestra ser doblemente necio, porque no solo creyó que tostarse el ojete iba a conllevarle beneficios higiénicos, salutíferos o estéticos –a saber cuáles-, sino porque cuando su afición acabó con terribles secuelas, en lugar de callarse avergonzado, no tuvo mejor idea que airearlo a los cuatro vientos para que no nos quedase ninguna duda de su estupidez, y encima pretendiendo culpar al genio cachondo que se inventó esta moda para escarmiento de bobos.
Vivimos en una sociedad global totalmente idiotizada, en la que gente aparentemente preparada y adulta sucumbe a las ideas más peregrinas poniendo en riesgo su propia existencia. Al bronceado anal hay que sumar la retahíla de desafíos que, con el único fin de pasar a la posteridad en un vídeo viral, llevan a cabo muchos jóvenes, algunos de los cuales terminan en muchos casos en una silla de ruedas, si no en un ataúd.
Si, además, estas prácticas son publicitadas por actores, deportistas y gente famosa en general, el peligro corre como la pólvora. Un consejo, si quieren tostarse el culo, pónganse al menos crema factor 50 y no sobrepasen los tiempos recomendados. Y mejor si no lo hacen a la vista de los demás.