Polémica por la futura gestión

Torres de control privatizadas: menos controladores, más cansados y peor pagados

Torre de control del aeropuerto de Son Sant Joan.

Los controladores aéreos de las torres de control privatizadas de la red de Aena trabajan más horas y descansan menos que los controladores de Enaire, según Beatriz González, representante del sindicato mayoritario de controladores aéreos USCA. La privatización de las torres de control ha llevado a una reducción de los niveles de personal, una mayor presión sobre el personal y un mayor riesgo de incidentes relacionados con la fatiga. El Gobierno español planea privatizar siete torres de control más, incluida Son Sant Joan en Palma, lo que podría dar lugar a nuevas reducciones en los niveles de personal y experiencia.

Los controladores aéreos de las torres de control privatizadas de la red de Aena, trabajan más horas y descansan menos que los controladores de Enaire. Así lo asegura Beatriz González, delegada del sindicato mayoritario de controladores aéreos USCA, quien explica a mallorcadiario.com las diferencias entre una torre privatizada y una de gestión pública.

"El número de horas que hacen los controladores y, por tanto, el descanso de que disfrutan tanto entre turnos como a lo largo del mismo turno", afirma González.

"La plantilla de controladores de la torre de Ibiza con Aena era de 23 personas y una vez que se privatiza pasa a ser de 15 fijos y tres refuerzos en verano. Hay bastante diferencia. La plantilla está siempre muy justa tanto en verano como en invierno y no hay margen para que haya varias bajas a la vez, o para que haya permisos. Hay mucha presión entre la plantilla porque cualquier permiso o reducción de jornada que se solicita, repercute en el resto de compañeros", explica.

Las condiciones laborales tampoco son las mismas. "Ellos se rigen por un acuerdo colectivo de torres privadas. Económicamente hay diferencia, pero lo más preocupante es el número de horas con que estos controladores llegan a final de año, al límite de las que se contemplan en el Real Decreto 1001/2010, que rige los tiempos de actividad y requisitos de descanso de los controladores civiles de tránsito aéreo", relata González, quien añade: "Ellos llegan al límite y sale adelante gracias al esfuerzo de la plantilla. En cuanto a calidad del servicio no se puede decir que haya disminuido, pero sí que la plantilla se encuentra muy fatigada y además de realizar sus labores de parte operativa (estar en frecuencia), están obligados a desempeñar un rol administrativo".

Se trata de tareas de seguridad, burocráticas y gestión de personal. Investigaciones de seguridad de cualquier incidente que haya tenido lugar, actualizar manuales operativos y circulares, o documentar instrucciones de otras dependencias y organismos. E incluso algo que corresponde a recursos humanos, como determinar turnos. "Todo esto lo hacen los mismos controladores, cuando en Enaire hay personal específico para hacer estas tareas no operativas", afirman desde Usca.

Esto supone un riesgo, según González. En marzo de 2016 un avión estuvo a punto de chocar con un vehículo de mantenimiento en el aeropuerto de Ibiza durante el aterrizaje, al tener que abortar la maniobra por la presencia de este vehículo en la pista del aeropuerto de Ibiza. El controlador estaba realizando labores administrativas.

"Los controladores privados no están al cien por cien y están más cansados. La presión es mucho mayor", asegura la representante de USCA.

AEROPUERTO DE PALMA

El temor que hay entre los controladores de Palma es que, si el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana sigue adelante con sus planes de privatizar siete torres de control, entre ellas la de Son Sant Joan, la plantilla que ahora es de 50 profesionales, se reduzca a casi la mitad.

Cuando se produjo la primera fase de la privatización (Ibiza, Alicante, Valencia, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura, Sevilla, Jerez, Sabadell, Cuatro Vientos, Vigo, A Coruña y Melilla), se dio la posibilidad a los controladores de Enaire de ser subrogados a las empresas concesionarias (FerroNATS en Ibiza, una filial de Ferrovial que ahora se denomina Skyway), "pero en unas condiciones mucho peores, lo que evidenciaba que no los querían y preferían trabajadores que no hubiesen trabajado en la empresa pública".

Desde el sindicato de controladores temen que, en caso de prosperar la privatización de la torre de Palma, se haga como en 2011, convocando un concurso de traslados de las torres privatizadas a otras torres de Enaire, por lo que la plantilla sería completamente nueva, con lo que ello conlleva de falta de experiencia. "Son décadas de experiencia que se perderían", afirma González.

TASAS AEROPORTUARIAS

Desde USCA también se niega que la privatización haya supuesto una reducción de las tasas aeroportuarias ni una mejora en la competitividad. Así, González explica que las tasas se establecen por determinados grupos de aeropuertos. El de Ibiza tiene las mismas tasas que Málaga, cuando el primero está privatizado y el de Málaga no lo está. "Si fuera como sostiene la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), defensora de la privatización, habría unas tasas específicas de aeropuertos privatizados, lo que no ocurre. Además, las tasas aeroportuarias estarían representando alrededor de 30 céntimos de euro por pasajero, si la reducción de tasas fuese del 30 por ciento, la rebaja sería de 10 céntimos. ¿Merece la pena una rebaja de 10 céntimos del billete de avión, a costa de una plantilla de controladores fatigados y al límite de horas anuales, en un sector donde lo principal debería ser la seguridad?", se pregunta la controladora del aeropuerto de Palma.

En el control aéreo hay tres tipos de control: torre, aproximación y ruta. Hasta ahora únicamente se está privatizando el servicio de control de torre, que engloba aterrizajes y despegues, además del movimiento de aeronaves en la plataforma. En la torre de Ibiza son ocho millas al este y al oeste.

Desde USCA tampoco están de acuerdo en que se hable de liberalización, puesto que el borrador de orden ministerial que hizo pública el Ministerio de Transportes impide a Enaire presentarse a los concursos que se convoquen, por lo que ha de hablarse de privatización, pues no se permite a la empresa pública que opte a gestionar las torres que van a salir de la red pública. Y, además, el requisito económico es siempre el ganador. "Las torres se las queda el mejor postor", sostiene González. "No entendemos que el Gobierno quiera dejar de percibir este servicio en aeropuertos rentables como el de Palma, para dárselo a los accionistas de Aena y las empresas privadas", critica.

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