Resulta bastante chocante que tras el espectáculo deplorable que la ciudadanía ha tenido que presenciar y padecer para apartar a Xelo Huertas de la presidencia del Parlament, con el apresuramiento que todos los partidos firmantes de los Acords pel Canvi (PSIB, Més y Podem) mostraron tener para llegar a tal fin, estén pasando los días sin que hayan decidido qué diputado la sustituirá y se multipliquen las declaraciones en los medios de comunicación de aquellas fuerzas políticas, evidenciando que el asunto no está en absoluto resuelto y que no se avizora un acuerdo entre ellos.
La ciudadanía percibe que por más que todos al comenzar la legislatura, manifestasen su intención de hacer las cosas de otro modo, al final Podem no quiere soltar la poltrona de ningún modo, aun sabiendo que hay nombres que sus socios no pueden de ninguna forma aceptar, como Balti Picornell o Marta Maicas, el primero por manifiesta falta de idoneidad y la segunda por la imputación que pesa sobre ella en una causa penal.
Més juega a la ambigüedad y el PSOE aspira a colocar a su candidato, Vicens Thomàs, en la presidencia de la Cámara, y en una auténtica carambola y con la excusa de reequilibrar los Acords pel Canvi, forzar a Podem a entrar en el Govern y así asumir su cuota de desgaste en la acción de gobierno. Y así queda claro que cada cual va a la suya y que las divisiones afloran más impetuosamente conforme más transcurre la legislatura, que pronto llegará a su ecuador sin que los partidos que dan apoyo al Ejecutivo de Armengol hayan sido capaces de dar una sensación de unidad salvo en contadas excepciones. Y yendo cada cual a su bola y mirando por su propia conveniencia, los anteriores Pactos de Progreso demostraron lo mal que se gestionaba y lo duramente que los votantes lo acababan castigando.