Sobramos muchos...

Somos muchos. Parafraseando a los gemelos Hernández y Fernandez, extraídos del tan bellamente recordado cómic Tintín: “yo aun diría más: somos demasiados”. Tintín fue un personaje fabuloso creado por el belga Hergé. Se trataba de un joven periodista que investigaba historias del todo extraordinarias en múltiples rincones del planeta. Este TBO fue uno de los pocos inventos creado por los belgas, junto con el saxofón. Actualmente ha caído en desgracia, o eso dicen algunas mentes retorcidas, por el excesivo estereotipo conservador del protagonista. Gran parte de la izquierda hippyflower y “políticamente correcta” lo ha vilipendiado tirándolo a los leones. Así se han manifestado, por ejemplo, grandes divos de esta izquierda tan chupiguay entre los cuales Pilar Bardem o la CUP catalana.

No cabemos todos; eso está claro. El mundo se ha superpoblado de tal manera que así no hay manera... y valga la bonita redundancia. La Tierra —al menos en lo que se refiere a su vertiente puramente geológica— es lo que es; y no hay más. La superficie del planeta no ha variado ni un ápice desde que Dios Nuestro Señor tuvo a bien “inaugurarnos”; bueno, sí, algún que otro volcán o islote (provocadores de tragedias humanas) se ha ido forjando en nuestra superficie, pero estas novedades no dan ni para dátiles. Así pues, desde que la Tierra fue declarada redonda de manera oficial no hay manera de extenderla, de agrandarla. Realmente, si hubiéramos continuado con la magnífica idea de que nuestro querido planeta era plano (cosa que hubiera sido lo más lógico y natural), hubiera sido tarea mucho más fácil extenderla, desparramarla, dilatarla o ensancharla a lo largo y ancho de su superficie y, de este modo, ampliar notablemente la zona o las áreas habitables.

Para que me entiendan prácticamente: cojan ustedes una masa de harina y, después de manosearla un buen rato, pásenle un rodillo y entenderán mejor lo que les intento relatar; observarán que la masa se expande cantidubi. Pero bueno, algunos progres frustrados y aburridos quisieron cambiarle la planicie por la redondez por un quítame allá esas pajas y así nos ha ido. Aún por encima, cuando estos progres llegaron al poder ejecutaron a todo quisque que negara la redondez voluptuosa de la Tierra. ¡Manda huevos! Claro que, antes, la magnífica organización (hoy, triste e injustamente desaparecida) Santa Inquisición les había quemado a ellos y a ellas en hermosas hogueras por afirmar y reivindicar la forma esférica terráquea; pero, por desgracia, quedaron algunos que hicieron cambiar la tortilla... y, ahí andamos, todavía, con la lacra estúpida de la puñetera y reiterativa curvatura terrestre.

El problema existe y es real: no hay sitio para todos. Y encima, algunos pretenden conservar grandes áreas selváticas o desiertas (como si eso sirviera para algo...) o bien salvar y catalogar los mal llamados espacios naturales —intocables desgraciadamente— para rebautizarlos con esta ridícula expresión de “parques naturales”, permitiendo que unos cuantos ciervos, rinocerontes o cocodrilos gandules merodeen sin dar golpe y se paseen por estas grandes extensiones de terreno inútil sin que nos lo agradezcan ni nada. Su única diversión consiste en zamparse mutuamente: ya me dirán. Ley de vida, dirán algunos; ley de la selva, opinarán otros. ¡Como si los humanos no necesitáramos más sitio!

Creo que es evidente que hay que hacer algo. No se lo qué, pero algo…y urgente. Así no podemos continuar. El mundo, tal como está, se pone inaguantable (insostenible, dicen ahora los correctos). Me pone de los nervios observar las lamentables aglomeraciones de personal (especialmente en las compras navideñas como en los destinos turísticos), tanto en el continente americano, como en África, Europa o la mismísima China, por no hablar del Japón donde ya no caben más samurais en la isla, encima con la existencia de los luchadores de sumo que ocupan cuatro sitios por su gordura. Hay una excepción, eso sí: Australia. Allí no vive ni dios; se ve que comoa gran isla fue destinada, desde un principio, a cárcel por los británicos (para librarse de cacos y asesinos a sueldo) a la gente le da como repelús irse a vivir al gran islote. Y también por los canguros, que son animales que, con su nerviosismo y sus putas ganas de pasarse el día saltando, resultan terriblemente molestos para el género humano.

En fin: hay que arreglar el mundo. No se yo si dirigirme al Tribunal Constitucional para que se distraigan y hagan algo que no sea tumbar leyes; o plantearle el problema a Cuca Gamarra de España, con su fama de “superwooman”; o al diputado Casero (el que se equivoca votando); o bien al torero Vicente Barrera, de VOX, actual vicepresidente del Govern Balear y, ¡ojito!, Conseller de Cultura. Sí, de Cultura. Repito: de Cultura.

Desde luego: si no conseguimos hacer lo que sea para solucionar el grave problema demográfico, moriremos cocinados en nuestra propia salsa… rehogados en un estofado de razas.

Quedan avisados.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias