El jueves pasado, por la tarde, se produjo en Lloret, supongo que en más sitios, un corte de electricidad coincidente con el inicio de la tormenta habitual de estos días. El suministro de energía se repuso con rapidez y tuvo en mi casa la inesperada y desagradable sorpresa de que frió el 'router', con lo que nos dejó sin internet, wifi, ni televisión por 'streaming' hasta el sábado, que fue cuando la compañía pudo acudir a cambiarlo por otro, con las molestias adicionales de configurar una nueva red, con una nueva contraseña y toda la parafernalia acompañante.
El sábado, hacia el mediodía, descargó sobre el centro del Pla una tormenta de lluvia, algo de granizo y mucho viento racheado, que provocó nuevos cortes de suministro eléctrico, que en este caso se fueron sucediendo a lo largo de toda la tarde, hasta una total de doce o catorce, perdí la cuenta. Fueron cortes de escasa duración, unos segundos en cada ocasión, pero continuados a lo largo de unas cuantas horas, cuando la tormenta ya había pasado, al menos en la zona de Lloret.
El mismo sábado por la mañana tuve que ir por motivos particulares a Santanyí, y en la carretera de Montuïri a Campos, pasado Porreres, me encontré con un enorme aguazal que ocupaba toda mi mitad de la calzada, señalizado con conos, menos mal, que tuve que sortear pasando a ocupar el sentido contrario de la vía, con el consiguiente riesgo en una zona de visibilidad reducida.
El estado de muchas carreteras secundarias y terciarias de la isla es lamentable, en especial los bordes laterales, ya que, al no existir arcenes, el agua crea regatas en el límite entre tierra y asfalto, infiltrándose, socavando el firme y produciendo hundimientos del mismo que, si llueve, acumulan agua y no hay manera de saber la profundidad del charco.
Cortes de electricidad a la mínima que llueve, no hace falta ningún tormentón; carreteras con baches, socavones, firme irregular, son solo algunas de las gravísimas carencias de las infraestructuras y servicios de que 'disfrutamos' los mallorquines, léase igual baleares. No hablemos de la sanidad pública, en permanente saturación y riesgo de colapso, o de la educación pública, con gravísimas carencias de todo tipo, mientras se subvencionan escuelas privadas que segregan por sexo, o de la insuficiente red de transporte público por carretera.
Desde los pueblos del centro de Mallorca, por ejemplo, podemos ir en autobús a Palma, pero no al pueblo de al lado. Yo, desde Lloret, no puedo ir a Costitx, ni a Sencelles, ni a Sant Joan, ni a Montuïri, ni a Petra, ni a Ariany, ni a Maria de la Salut, ni a Llubí, ni a Santa Eugènia. Solo puedo ir a Pina y Algaida, porque, gracias a Dios, están en el itinerario de la línea que nos lleva a Palma.
Y puedo ir a Sineu solo desde hace poco más de un año, y únicamente con cuatro o cinco servicios al día, y desde Sineu ir en tren o autobús a alguno de esos pueblos, pero no a todos, y siempre después de uno o dos transbordos y con unos horarios no coordinados, por lo que puedo tardar hasta tres horas en hacer un trayecto que me lleva en coche entre treinta y cuarenta minutos, eso sí, por carreteras secundarias estrechas, en mal estado y peligrosas, por no hablar de que en invierno están llenas de hordas de ciclistas, sobre todo alemanes, y en verano de coches de alquiler con turistas buscando hoteles rurales o agroturismos, que muchas veces no son capaces de encontrar ni con el GPS.
Pero es que tampoco puedo ir a Inca. Si quiero ir a la capital del Raiguer tengo que coger el autobús, la camiona que se dice, o se decía, por los pueblos, ir a Sineu, y, allí, después de la espera correspondiente, seguir en tren hasta la ciudad del corazón de Mallorca. Toda una aventura para los vecinos que han de desplazarse al hospital, por ejemplo. Igual para ir a Manacor.
Y qué decir del tren. Entre Inca y Manacor, una frecuencia de un tren cada hora, con algunos servicios extras, y una hora para llegar a Palma. Si creemos en el transporte público, ¿por qué se construyó la línea de una sola vía? La doble vía permitiría una mayor frecuencia de servicios y mejoraría la conectividad.
Y no hablemos de la demencia de no haber continuado la línea hasta Artà, aunque aun nos hemos de felicitar porque no se consumara el desatino que querían hacer con un 'tren-tram' conectando con la estación actual, desgraciando el entramado viario de la ciudad y con transbordo para seguir hacia Palma, o hacia Artà. Y la otra demencia, no haber continuado la línea de Sa Pobla hasta Alcúdia.
Y el gas natural, el año que viene si Dios quiere. Auuuuuuu!!, como decían en la revista 'Hermano Lobo'. Cuando el gasoducto submarino llegó a Palma se prometió que llegaría a todos los pueblos de la isla. Después de múltiples retrasos, a día de hoy, solo hay gas natural en Palma, Inca, Andratx, Alcúdia, algunos pueblos, y parte de Manacor y Felanitx. Se han priorizado las zonas con más población y algunas áreas turísticas; el resto, ajo y agua, incluso aunque la conducción pase por debajo de tus pies.
Todos estos déficits brutales de infraestructuras y servicios que padecemos son la consecuencia directa de décadas de ignorancia y desprecio por parte de los gobiernos españoles, y de sumisión genuflexa por parte de los governs autonómicos. Al fin y al cabo, al estado español solo le interesan las Baleares como campo de rapiña y expolio fiscal; por eso, las únicas obras que acomete son las destinadas a obtener pingües beneficios del monocultivo turístico insular, como los aeropuertos, que sí ha convertido en faraónicos, o las autopistas y autovías, para facilitar el traslado masivo de la caterva turística que nos invade cada año.
Y los governs autonómicos, que siempre han estado en manos de partidos de servidumbre española, no han hecho sino seguir las instrucciones de sus amos del centro. Así que no hay motivos para la esperanza de que algo cambie a mejor. Yo, al menos, no tengo ninguna con el próximo cambio del color político de la inquilina del Consolat de Mar. Y menos aun sabiendo que Vox formará parte de la ecuación, ya sea como parte minoritaria de un gobierno de coalición, o dando apoyo y estabilidad parlamentaria, que en ninguno de los dos casos será gratis. Y como todos conocemos el programa electoral de los ultraderechistas, nada bueno podemos esperar.