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Segregar: una necesidad corporal

La estadística dice que una mayoría de los alumnos con mejores calificaciones en la enseñanza secundaria suele decantarse por la rama de ciencias, mientras que un porcentaje amplio de los menos dotados eligen las asignaturas de letras (sociales, les llaman ahora). Las notas de corte para acceder a los grados universitarios confirman esa estadística. Sin embargo, esta realidad no impide encontrar jóvenes brillantes estudiando carreras de Humanidades, ni tampoco alumnos sufriendo más de la cuenta para obtener un grado de Biología.

En cualquier caso, a nadie se le ocurre decir que las autoridades académicas están segregando a los alumnos en función de sus capacidades: los listos a ciencias, los torpes a letras. Nadie pronuncia semejante estupidez por una sencilla razón: son los alumnos los que eligen las asignaturas que quieren estudiar.

Según la RAE segregar significa “separar o apartar algo o a alguien de otra u otras personas”. En una segunda acepción implica “separar o marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales”. Queda claro, pues, que si un musulmán o un comunista deciden relacionarse exclusivamente con personas de su misma religión o ideología nadie les está segregando. Su separación de los que no rezan o piensan como ellos responde a una decisión libre y personal.

La manipulación del lenguaje es mas vieja que la pana, pero en los tiempos de la posverdad está alcanzando cotas insospechadas. Que los políticos utilicen las palabras para distorsionar deliberadamente la realidad es un hecho contra el que estamos prevenidos. Pero los medios de comunicación deberían observar ciertos límites porque la palabra exacta es su materia prima y el origen de su credibilidad.

Iago Negueruela ha destrozado el catalán durante cuatro años en sus comparecencias públicas como portavoz del anterior Govern. Nadie se lo ha reprochado porque se valoran más su esfuerzo y su buena voluntad que la claridad y la precisión de sus explicaciones. Pero relacionar la libre elección de lengua en la enseñanza primaria con una “segregación” del alumnado supone en su caso atropellar al mismo tiempo el catalán, el castellano y el gallego.

La intención de una manipulación tan burda del lenguaje es clara: azuzar un conflicto que ni siquiera se ha producido, sólo porque haya miles de familias en Baleares que han votado un programa electoral que reconoce el derecho de esas familias a elegir cuál de las dos lenguas oficiales en nuestra comunidad es la vehicular en los primeros años de enseñanza. Un crimen al parecer inadmisible, como meter a todos los hijos de nigerianos en unas aulas, a los marroquíes en otras, y a los católicos practicantes en otras.

Pero no hay que engañarse. Negueruela y el PSIB no se podrían permitir un discurso tan demagogo sin la colaboración necesaria de VOX, un partido para el que, como en todos los populismos, el número de votos que obtiene no suele ser un condicionante a la hora de imponer sus ideas. Su radicalidad da alas al sermón hiperbólico de los que afirman que criticar la inmersión lingüística es odiar el catalán. Esta es una necedad imposible de sostener desde la racionalidad y los argumentos pedagógicos, pero que encuentra su excusa en las prisas y la reacción desmesurada de VOX bloqueando en el Parlament la aprobación del techo de gasto, el paso previo necesario para aprobar unos presupuestos que asignen los recursos económicos suficientes para implementar la libre elección de lengua.

Forzar un choque con el PP sobre la base de una contradicción tan palmaria por parte de VOX sólo puede tener una explicación: su necesidad de reinterpretar un pacto de legislatura que en cien días se les ha quedado pequeño. Jorge Campos se fue a Madrid. Dio un estirón político como diputado en el Congreso pero la direccion nacional de su partido lo ha alejado de los órganos de decisión y los altavoces mediáticos que tanto le gustan. Así que ahora su acuerdo programático con Marga Prohens le tira de la sisa y trata de ampliarlo, quién sabe si con la intención de volver él mismo como vicepresidente del Govern.

Siempre he pensado que en Baleares la excusa de la lengua juega en un doble sentido: unos la emplean para mantener un chiringuito económico y de poder, y otros para agitar un avispero por intereses que nada tiene que ver con la educación de nuestros hijos. Estas son las dos minorías que impiden un debate sosegado y racional sobre el asunto, y a las que habría que aplicar la tercera acepción de la palabra “segregar”: dicho de una glándula o de un órgano, expulsar una sustancia producida por ellos.

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