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Sanidad pública y el Día de la Marmota

Ocho de enero, un día más nos levantamos con la noticia del colapso en las urgencias de nuestros hospitales. Uno se despierta un año más y siguen los mismos problemas estructurales de nuestro país.

Y no, ni Bill Murray es el protagonista de esta historia ni suena a las 6:00 a.m. la canción “I Got You Babe” de Sonny y Cher. Pero la sensación es como la de la película de culto el Día de la Marmota (Atrapado en el tiempo). Una sensación que va desde la máxima frustración hasta el hastío más absoluto.

Nos hemos acostumbrado a un modelo sanitario obsoleto cuarenta años después y que persiste en la fragmentación sanitaria y en las desigualdades.

Todas las familias sufren el desastre de la sanidad pública en general y de la atención primaria en particular que lleva al colapso de los hospitales, mientras el partido de turno en la oposición aprovecha para utilizar la sanidad como arma arrojadiza.

La equidad sanitaria, la calidad en la salud de la ciudadanía no puede seguir dependiendo del código postal en el que residas. No es admisible que según tu código postal recibas diferente cobertura o tratamientos sanitario, o incluso si estás desplazado o de viaje en alguna Comunidad Autónoma no puedan atenderte, muchos lo habréis padecido estas Navidades.

El sistema sanitario español no existe, se ha desmembrado en diecisiete sistemas distintos. Y es muy preocupante que se haya confundido descentralización con desmantelamiento. Llevamos años viendo como nuestro sistema público de salud va perdiendo equidad, calidad, personal, capacidad de cercanía y rapidez de respuesta. La política sanitaria está descentralizada en las Comunidades Autónomas desde hace dos décadas y la coordinación entre los sistemas de salud autonómicos se ha demostrado que es deficiente. Dependiendo de donde vivas los servicios sanitarios tienen diferente calidad en la atención del usuario.

Es algo que afecta a millones de personas en España. Sin embargo, nadie se atreve a plantear soluciones valientes al respecto. Y por eso muy pocos nos atrevimos hace ya un año a abrir el debate: ¿es necesario que las comunidades autónomas mantengan las competencias sanitarias tal y como están ahora? ¿Es obligatorio callarse ante el trato desigual a los españoles en función de su lugar de nacimiento?

Es necesaria una reforma organizativa en atención primaria, en nuestros centros de salud que son la primera línea de actuación en nuestro sistema de salud. Ante la situación de colapso y el incremento de los tiempos de espera debemos dotarla de mayores medios técnicos y de personal para una atención integral a los ciudadanos. Es necesaria emprender una armonización y homogeneización del historial clínico, de la cartera de servicios sanitarios y el calendario único de vacunas. Y es necesario también despolitizar la gestión sanitaria para que nuestra Sanidad pública esté liderada y gestionada por los mejores profesionales.

La reforma que requiere el sistema sanitario tiene que ser a quince años vista y no a una legislatura. El cambio es improrrogable o el sistema no será sostenible y no garantizará ni la igualdad ni la calidad asistencial. Poque si no cambiamos nada, si no se buscan soluciones, seguiremos en ese bucle circular, estancados en el tiempo y viviendo el mismo día una y otra vez, como en el Día de la marmota. Que, aunque parezca una manida parábola universal, Murray representa magistralmente cuán anodina es la existencia humana. Y es que todo empieza a ser delirante en este país.

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