Recientemente, he vivido una escena que me ha tocado el corazón, con una amiga mía que me ha devuelto la esperanza en la raza humana.
En esta sociedad mallorquina, en la que somos comerciantes por antonomasia, ciertos valores, como el compromiso y la lealtad, han ido desapareciendo. Las islas son lugares de paso, y eso hace que muchas veces los compromisos que se adquieren sean mucho más efímeros, las relaciones personales, menos duraderas, y la lealtad brille por su ausencia.
Estoy convencida de que en otros tiempos esto no fue así, pero con el paso de los años, sabiendo que gran parte de las personas con las que te rodeas hoy estarán aquí y mañana no, hace que los valores de nuestra sociedad se vean en peligro.
Pienso que no tiene tanto que ver con los autóctonos de la isla como con todas las personas que entran y salen de la misma. Por ende, los nativos de estas tierras maravillosas adoptan unos valores y unos hábitos de comportamiento que distan mucho de ser ejemplares, ya que con el paso de los años se han sentido heridos por las rupturas de compromisos y de lealtades por esas personas sin arraigo con las que se han relacionado.
Todo ello me hace pensar que es una verdadera pena que todos esos méritos intrínsecos de la raza humana se hayan perdido, dando paso a otros más ególatras y avaros. Esto nos lleva a sentirnos más egoístas, menos atados a nuestros lazos afectivos, y más libres para no cumplir los pactos del alma, que durante décadas se habían programado.
¿Debemos abdicar a esta falta de valores y tolerar que todo valga? Pues no, querido amigo lector. Nunca debemos dejarnos dominar por la codicia y otros valores banales que solamente nos ayudan a ser más egoístas. Dichos valores deben basarse en una ética que nos permita mirarnos al espejo cada mañana, sin pensar que, más tarde que pronto, tendrán patas cortas.
Analicemos qué valores son los que nos llevan a sentirnos bien con nosotros mismos e intentemos hacer las paces con el compromiso y la lealtad, y, así, al mirarnos al espejo, podremos dormir en paz.