Definitivamente, Ryanair tendrá que responder antes las comisiones de Transportes y de Medio Ambiente de la Unión Europea por la denuncia que presentó la asociación de Consumidores y Usuarios de Baleares (Consubal) contra la aerolínea de bajo coste por cobrar "por cuestiones tan elementales y básicas como que un menor se siente junto a sus padres".
La denuncia balear ha prosperado en las instituciones europeas, que deberán determinar si la práctica denunciada es contraria a la ley y a los derechos de los consumidores. Independientemente del resultado y las consecuencias que la decisión final tenga para la compañía irlandesa, el sentido común no indica otra cosa que la práctica ejercida por Ryanair es flagratemente inmoral y muestra una única intención de recaudar lo más posible sin importar mucho lo burdo del sistema. En este caso, la aerolínea dirigida por Michael O'Leary ideó que una forma rápida para ingresar más era asignar automáticamente asientos separados a los grupos y las familias, con el fin de forzarles a pagar un suplemento extra si querían viajar juntos. Las quejas por el escaso respeto mostrado hacia los clientes no se hicieron esperar y serán ahora las instituciones europeas las que se pronuncien sobre esta práctica de negocio fácil tan descarada.
Con esta acción, Ryanair suma una polémica más a la larga lista de escándalos protagonizados durante los últimos años, desde huelgas, precariedad laboral, irregularidades fiscales, cancelaciones de vuelos o simplemente mal servicio. No en vano desde hace ocho años es la aerolínea peor valorada por los usuarios.
Cabe esperar una rápida y satisfactoria resolución de las autoridades europeas sobre este asunto, sin descatar las sanciones que se consideren justas. El negocio fácil, máxime cuando se produce mediante una acción que suena a tomadura de pelo, no puede salir gratis.