Represión ideológica

Pep Guardiola ha pedido en un video que cese la “represión ideológica” en España. Junto con otros ilustres sofistas, el también llamado Filósofo exige justicia y libertad en un video de la entidad separatista Ómnium Cultural.

Tiene toda la razón. No respecto a los presos del 1-O, claro. Para esos pide justicia, aunque ya la tienen desde hace año y medio. La libertad va a ser más difícil. Podrán tener libertad interior, de esa que proporciona la Verdad, que nos hace libres. Junqueras sabe de qué hablo: la libertad de los hijos de Dios. Para la libertad externa supongo que tendrán que esperar algo más. Pero más que justicia, deberían pedir misericordia, y para eso convendría que antes se arrepintieran. En cualquier caso, todos sabemos que en el 1-O no se juzgan ideas, sino actos.

Pero Guardiola tiene razón respecto a que existe represión ideológica en España. Hay una serie de cuestiones que hoy son tabú: si los tocas, si osas llevar la contraria, date por muerto. Quedas condenado al ostracismo, si no directamente por la aplicación de las nuevas leyes liberticidas que se han ido dictando los últimos años, será porque quedarás etiquetado como extrema derecha, neoliberal comeniños, ultracatólico pederasta o similar.

El más evidente, y el primero que hay que mentarle a Guardiola, aka Meacolonias, es el que sufrimos en las regiones españolas con fuerte presencia nacionalista. En ellas, criticar la dictadura de proximidad correspondiente es sacrilegio que granjea la enemistad de la mitad de tus conciudadanos, frecuentemente aderezada con pintadas, escraches, etc. Durante la democracia hemos permitido que miles de españoles se hayan visto obligados a cambiar de domicilio por la presión social separatista. El proyecto de construcción nacional diseñado desde Pujol, por ejemplo, se conoce al menos desde el año 1990: es el llamado Programa 2000, que se ha implantado con gran éxito, y que continúa en vigor.

Ahora también está muy de moda la ideología de género, en su doble vertiente: feminismo radical y LGTBI. Criticar el matrimonio homosexual o sugerir un cambio de nombre te convierte en homófobo. Reparar en que por muchas hormonas que se le den a un niño, sus genes siguen siendo de niño, te convierte en tránsfobo. Las leyes LGTBI promueven salir del armario, pero prohíben y sancionan ayudar a volver a entrar. Sugerir que el feminismo quizás esté exagerando te convierte en machista. Ni se te ocurra justificar las diferencias económicas entre Nadal y Muguruza, Messi y Hermoso: ¡es la brecha salarial, insensato!

Por lo que toca al aborto, es anatema señalar que la mujer no debe matar la vida que porta en su seno. Sí, los juristas antiguos dirían que el derecho a disponer del propio cuerpo debe ceder ante el derecho a la vida del nasciturus, que es un ser humano distinto de la madre. Pero hemos madurado y ahora sabemos que los “derechos reproductivos” justifican el infanticidio.

Recordar que la II República llegó con muchas dudas en cuanto a su legitimidad, que el PSOE, entre otros, intentó un golpe de Estado contra el Gobierno republicano en 1934, que hubo pucherazo en las elecciones de 1936, o el secuestro y asesinato de uno de los líderes de la derecha que precipitó la Guerra Civil, te convierten en franquista y, si se aprueba la ley que propuso Sánchez, estará penado con cárcel.

Y podríamos seguir pisando callos. No sé si comparto todo lo expuesto. Sí creo que deberíamos poder debatirlo sin histrionismos ni represalias. Pero en el 70 aniversario del 1984 de Orwell, diríase que nuestros políticos, como el Filósofo, son dignos aprendices del doblepensamiento: son capaces de decir mentiras a la vez que creen sinceramente en ellas.

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