Qué hacemos este verano con los hijos

Para muchos padres, las vacaciones de los hijos son un problema que conlleva organizarse, planificar actividades, buscar ayuda de abuelos o niñeras, ... Muchos hogares llegan a estas fechas con un claro objetivo: sobrevivir al verano.

Me gustaría dar algunas ideas que me han ayudado como padre de familia numerosa, sin ninguna pretensión más que ayudar.

Habría que empezar por un horario flexible, pero horario. Se trata ahora de ofrecer pautas concretas. Y para no perderos con demasiadas posibilidades, nada mejor, en un verano, que respetar el horario de comidas, incluido el desayuno.

Un verano no se improvisa, sino que se llena de contenidos. Y esto es una tarea ineludible de los padres. Con los hijos pequeños y adolescentes no se improvisa una etapa de descanso tan amplia. Hay que llenarles los días, evitando la ociosidad crónica como la ansiedad de no parar de hacer cosas.

El verano no es una continuación de la actividad del Colegio. Seguramente que, para algunos niños, será necesario repasar materias o preparar algún que otro examen para septiembre. Si esto es así, lógicamente esta actividad llenará un tiempo importante de la jornada diaria.

El verano no es tomar el sol como plan único. El verano es buen momento para ejercitar la imaginación.

Que los hijos tengan más tiempo para jugar o hacer planes con sus amigos es una buena manera de llenar de contenidos el verano. Quizás lo interesante esté en que esos juegos se alejen de las pantallas de los ordenadores o de la televisión y que los planes con los amigos estén llenos de deporte al aire libre.

Buenas son actividades formativas en los que los niños aprendan jugando.
Hay muchas instituciones educativas o clubes familiares que facilitan una gran variedad de ofertas lúdico – formativas.

Llenar el tiempo de los hijos haciéndoles partícipes de tareas domésticas.

Se quejarán porque son niños, pero se sentirán más útiles. No se trata sólo de que hagan la cama o tengan su cuarto en orden. Anímalos a algo más según el sentido común.

Una cuestión de mínimos: hay que proponerse que, al menos una vez por semana, seáis capaces de sacar un plan familiar con toda la familia. Aunque sólo se consiga tomar unos refrescos en alguna plaza. Si estos planes se preparan con gracia y buen hacer, los hijos mayores terminarán agradeciéndolo. La clave está en no rendirse y poner empeño para conseguirlo.

Según las edades y el tiempo disponible, habría que fomentar en los hijos actividades solidarias. Para eso, todo momento del año es ideal, pero en verano puede resultar más fácil. Informarse, preguntar, porque en todas las ciudades y pueblos hay posibilidades para ayudar a los que más lo necesiten. Con sentido común y sabiendo dónde te metes, pensar el verano como tiempo para que los hijos aprendan el valor del compromiso y la solidaridad es garantía de felicidad para sus vidas.

Hay que programar las vacaciones -todavía estamos a tiempo- en las que tengan cabida la posibilidad de un mayor trato y dedicación a los hijos, hacer planes con ellos, jugar, leer, descansar... -sobre todo descansar- y divertirse juntos. Su futuro va en esto, también

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