Precariety

No es una novedad aquello de que el inglés es una lengua que está de moda. Y es que en los últimos años nuestro día a día se está plagando de términos y palabras inglesas para definir nuestras rutinas, nuestras costumbres.

Hemos pasado de salir a correr, a hacer running; de almorzar, a hacer un brunch; de tomarnos un descanso, a hacer un break… Y es que la lengua de Shakespeare tiene un algo especial que puede transformar lo cotidiano en algo cool.

Tanto es así que últimamente no paran de aparecer palabras como el jobs hopping, el coliving o los minijobs que lo único que hacen es edulcorar la triste realidad a la que nos enfrentamos los jóvenes: la precariedad. O para que ustedes me entiendan, la precariety.

Porque no. No nos gusta saltar de un empleo a otro, ni trabajar en tres sitios a la vez para poder “tener el lujo” de alquilar una casa sin necesidad de compartir…

Por favor, paren ya de vendernos la moto y comencemos a señalar el problema real. Porque, como dice la filósofa valenciana Adela Cortina, hay que llamar a las cosas por su nombre para poder identificarlas, si no, no existen.

Abraham Pérez Coronado

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