Por un mundo sin tabaco

Este pasado miércoles, 31 de mayo, se celebró el Día Mundial sin Tabaco. El tabaquismo es la primera causa de mortalidad prematura evitable en nuestro país. En España fallecen unas 54.000 personas al año como consecuencia directa o indirecta del consumo de tabaco. Y no solo debido al consumo de estos productos adictivos sino, también, por estar expuestos al humo ambiental de los mismos, al denominado humo de segunda mano. El 71,8% de nuestros niños y niñas menores de 12 años respiran humo ambiental del tabaco tanto en espacios cerrados como abiertos. Pero al coste irreparable en vidas se suma el coste sanitario provocado por el tabaco que, según la Asociación de Economía de la Salud (AES), triplica los 9.000 millones anuales que recauda Hacienda con los impuestos del tabaco. Por lo tanto, se mire por donde, el tabaco es un mal negocio.

En los últimos años, los expertos advierten que se han añadido una amenaza más para la salud pública como son los cigarrillos electrónicos y los vapeadores, con o sin nicotina, productos que, son el "Caballo de Troya" de la industria tabaquera para captar nuevos fumadores, cada vez más jóvenes, y que, lejos de reducir riesgos, los multiplican, porque en "más del 60% de los casos se acaba produciendo un consumo dual de cigarrillo electrónico y tabaco de combustión", según advierten desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). En contra de lo que intenta publicitar la potente industria tabaquera y sus satélites, estos dispositivos no son inocuos y consiguen fumadores a edades cada vez más tempranas. Si la edad media del primer contacto con el tabaco convencional está en los 14 años, con los vapeadores y cigarrillos electrónicos hay chicos y chicas que tienen su primer contacto con la nicotina a los 11 años o incluso antes.

Hace unos días se viralizaba un vídeo en el que una niña abría una caja con los regalos de su Primera Comunión y lo primero que encontraba eran vapeadores y recargas para estos dispositivos, como si se trataran de gominolas, ante el jolgorio de padres y familiares. Y los expertos denuncian también que ya se comercializan vapeadores con forma de dibujo animado o de peluche, especialmente diseñados para atraer un público preadolescente. Una barbaridad.

Terminar con el tabaquismo es posible, pero para ello se necesita valentía política. Para poder avanzar hacia una generación libre de humo, tabaco y nicotina se requiere determinación política para defender la salud pública por encima de dudosos intereses económicos, desnormalizar el uso del tabaco y de productos del tabaco en la sociedad y proteger a nuestros jóvenes y niños de los engaños de las tabaqueras, además de ofrecer alternativas al cultivo del tabaco más sostenibles para el planeta. Quizás muchos no lo sepan, pero España, con más de 8.000 hectáreas, es el sexto productor de tabaco de Europa y el 36 mundial. ¿Por qué no cultivar alimentos en lugar de tabaco?

La evidencia científica hace tiempo que ha demostrado cuáles son los instrumentos más eficaces para combatir la pandemia del tabaquismo y, sin embargo, no estamos logrando proteger a la población infantil y adolescente ni del humo ambiental del tabaco ni de comenzar a fumar. Tampoco se está ayudando adecuadamente a las personas que quieren dejar de fumar, con programas subvencionados por las administraciones, porque el tabaquismo debe tratarse como lo que es, una enfermedad que mata.

La realidad es que España tiene una de las tasas de consumo de tabaco más altas de la Unión Europea -casi el 20% de la población española de 15 o más años fuma a diario- y con los precios más bajos de los productos del tabaco, que invita a muchos ciudadanos europeos a hacer turismo de nicotina en nuestro país. Lamentablemente, somos el estanco de Europa.

Al sumarse al Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT) de la Organización Mundial de la Salud, cuyo 20 aniversario se celebró este pasado 21 de mayo, España asumió el reto de trabajar para erradicar el impacto del tabaco. Es justo reconocer que la ley 28/2005 y su modificación de 2010 pusieron a nuestro país a la cabeza de Europa en la lucha contra el tabaquismo, pero los tiempos cambian y la actual legislación ha quedado obsoleta. Ni los gobiernos de Mariano Rajoy ni el de Pedro Sánchez han dado pasos para actualizar el marco normativo y hacerlo más restrictivo. Tampoco lo han hecho la mayoría de las CCAA en el ejercicio de sus competencias, que también podrían hacerlo. De hecho, solo tres (Baleares, Aragón y Valencia) mantienen la prohibición de fumar en las terrazas de bares y restaurantes decretada en plena pandemia. Al resto le faltó el tiempo para levantar una medida que no solo protegía a los no fumadores, que son más del 70% de la población, incluidos los niños, sino que también protegía a todos los trabajadores de la hostelería, que ahora vuelven a ser fumadores pasivos.

Las playas y las piscinas, lugares de gran concentración de gente, mucha de ella en edad infantil y juvenil, en los meses estivales también deberían ser espacios libres de humo, al igual que calles y zonas de nuestras ciudades concurridos, donde no pueda mantenerse una distancia mínima con el humo tóxico de los cigarrillos y sus fumadores. Pero no solo en lugares públicos, el ámbito privado también debería ser objeto de medidas más restrictivas en beneficio de la salud pública. Debería estar prohibido fumar en áreas comunes de comunidades de vecinos y también debería prohibirse fumar en los vehículos, sobre todo cuando hay niños a bordo. Si los mayores no son capaces de proteger la salud de sus hijos, que lo haga el Estado por el bien de nuestras futuras generaciones.

Australia es uno de los países más avanzados en legislar contra el tabaquismo y allí ya han aprobado prohibición de comprar tabaco a todos los nacidos a partir de 2009 para lograr un país sin humo. También han prohibido la importación y venta de cigarrillos electrónicos. Pero no todo es prohibir. La lucha contra el tabaquismo debe ir acompañada de educación, prevención y sensibilización, sobre todo entre la población más joven, el objetivo diana de las tabaqueras, que buscan un público cada vez más joven para reemplazar al que se le muere o al que finalmente acaba desenganchándose de la nicotina. Con un 20% de prevalencia de consumo entre la población, España está lejos del 5% fijado por la Unión Europea como objetivo en 2030 para alcanzar una generación libre de tabaco. Hay mucho camino por recorrer y convendría hacerlo cuanto antes, porque la pandemia silenciosa del tabaco sigue matando cada día que pasa.

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