¿Se atrevería a probar un chuletón impreso en 3D? Ya es posible gracias a la nueva creación de una empresa navarra que, desde hace un año aproximadamente, fabrica chuletas, costillas y pescados a base de carne sintética. Quienes los han probado aseguran que no existe gran diferencia con chuletón de vaca y su coste, evidentemente, es menor, porque mientras un chuletón impreso en 3D puede estar listo en 10 minutos, un chuletón de los de siempre necesitará años de cría del ganado antes de llegar al plato.
Los objetos que pueden imprimirse en 3D son múltiples y variados. Objetos caseros, maquetas, alimentos, componentes espaciales, prótesis, órganos humanos, etc. Nada se resiste a las impresoras 3D. Uno puede pensar que estas impresoras están diseñadas para objetos pequeños, pero nada más lejos de la realidad, ya que existen impresoras de grandes dimensiones que pueden incluso imprimir un edificio por piezas con sus muebles incluidos. En China ya se ha fabricado una villa entera que ha costado unos 500? por metro cuadrado y en tan solo unas decenas de días. La villa se fabricó por módulos en fabrica y después se colocó en el sitio donde quería el dueño. La propia NASA enviará una de estas impresoras 3D a la Estación Espacial Internacional para que los astronautas puedan fabricar piezas que consideren necesarias en el espacio.
Puestos a imprimir, propongo que hagamos un ejercicio de ciencia ficción y también se impriman políticos en 3D, a ver si así, introduciendo en la máquina las coordenadas correctas y todos los ingredientes exigibles a la buena praxis política, acertamos de una vez y no tenemos que lamentarnos al poco de votar. Igual así damos con un mínimo estándar que ayude a dignificar la política y el ciudadano vuelve a encontrar alicientes para participar de manera masiva en la gran fiesta de la Democracia que son unas elecciones y no, como indican la mayoría de las encuestas, que prácticamente la mitad tenga previsto quedarse en casa o irse a la playa.
En el prototipo de político fabricado en 3D, habría que introducir vectores imprescindibles para que nos salga un producto 'comestible'. Uno de ellos es la credibilidad, que deriva en confianza, que tiene que ver con la equiparación entre lo que se dice y lo que se hace. La calle está harta de políticos que nunca llegan a cumplir lo que prometen o, todavía ver, que hacen lo contrario de lo anunciado. En esto último, Pedro Sánchez es un consumado especialista. Dijo que no pactaría con Podemos y tampoco con Bildu, y ahí están los hechos, en una lista interminable de mentiras
La capacidad de diálogo y de consenso es otra virtud exigible a cualquier prototipo de político. Pero una capacidad real, demostrada y demostrable, sin trampas ni apriorismos. En España la política se hace desde las trincheras políticas y las instituciones se instrumentalizan al servicio de los intereses de los diferentes partidos. Eso lleva a una gestión política de corto alcance, basada en el redito político a corto plazo y no en una planificación a medio y largo plazo que necesita grandes consensos y capacidad de llegar a acuerdos, para que las políticas de Estado -turismo, educación, sanidad, movilidad, vivienda- no se revisen cada cuatro años, en función del color político.
La sensatez o el sentido común también deberían introducirse como vectores a la impresora a la hora de dar forma a un político fabricado en 3D. Un sentido común que, en la mayoría de las ocasiones, es el menor de los sentidos entre la clase política. En este aspecto, la autodenominada 'nueva política' se ha llevado la palma en excentricidades e histrionismo en los últimos años, con afirmaciones y actuaciones insultantes para el común de los ciudadanos.
Luego está el ingrediente de la capacitación o la aptitud, para que la política no se convierta en un coladero de gente sin oficio ni beneficio, con escasa o nula preparación académica y menos experiencia profesional, con currículums sonrojantes y a los que no se les conocen más méritos que revolotear por la política desde temprana edad. Como también deberían introducirse un código de obsolescencia, para que el político que haya ejercido un cargo público durante ocho años se desactive y sea reemplazado por otro. Ya no les digo lo que pienso de que algunas y algunos lleven más de 20 años viviendo de la política, saltando de cargo en cargo.
Este domingo estamos llamados a las urnas en una cita electoral que se presenta más igualada que nunca desde 2007 en nuestra comunidad. Si encuentran a alguien que se aproxima a este prototipo de político en 3D, no duden en votarlo.