Tras casi una hora de trayecto entramos en la localidad de Ariany. Paramos en la Plaça Major, había ambiente ciclista en las terrazas de los bares, el día acompañaba en un verano que se alarga y está robando protagonismo al otoño. Apagué el GPS y pregunté a dos amables señoras si conocían donde vivía Pep el escultor, no solo nos dirigieron, sino que sabían que hoy le entrevistaban. Estas cosas solo pasan en los pueblos y después de tantos años me siguen pareciendo singulares.
A unas decenas de metros de la Iglesia Parroquial, llamamos a la puerta y nos invitó a entrar en su casa… el reloj del campanario marcaba las doce horas y trece minutos.
Pasad, pasad. Ella es Jema mi mujer - Enseguida estaré con vosotros que estoy despidiendo a una vecina que ha venido a saludarnos.
Pep Canyelles Sabater nació en Palma el 8 de abril de 1949, ese mismo año en Chile el presidente Gabriel González promulgaba la Ley que permitiría votar a las mujeres, una emisora de Quito transmitía la versión radiofónica de Orson Wells, La Guerra de los mundos causando el mismo pánico que en Nueva York, eran fusilados cuatro miembros del PSUC en Barcelona, Éire dejaba la Comunidad Británica para convertirse en República de Irlanda, se creaba la OTAN en Washington DC, fallecían los jugadores del equipo Torino Football Club en un accidente de avión conocido como la Tragedia de Superga, Alemania quedaba dividida en dos Estados, un tifón en Filipinas causaba 1.000 muertos, nacían Joaquín Sabina, Niki Lauda, Jessica Lange, Ken Follet, Meryl Streep, Mark Knopfler, Richard Gere, Bruce Springsteen, Tom Waits, Quini, se editaban; La muerte de un viajante de Miller, El tercer hombre de Greene, El Aleph de Borges, 1984 de Orwell, Frank Sinatra publicaba Franky Sentimental, la canción de Pete Seeger; If I had a hammer, en la versión de Peter, Paul and Mary copaba las listas de éxito, las películas más aclamadas; La costilla de Adán, El ídolo de barro, El manantial, Mujercitas, Carta a tres esposas, se celebró en el Club Naútico de Palma el Campeonato Nacional de Natación, se refundaba en la UIB el Estudio General Luliano adscrito a la Universidad de Barcelona.
Antes de subir a mi estudio, os muestro como es la casa por si queréis tomar unas fotos. - Salimos a un patio, una cisterna, una rotulación elaborada con hierro posada sobre una de las paredes; Amarcord.
Fue mi última creación antes de dejar el taller. Es el recuerdo de mi mujer y mío, nuestro primer día de ir al cine siendo novios, a ver la obra de arte de Fellini. – Francisca le hizo posar y sonó el clic de la instantánea.
Hijo de Pedro, de profesión herrero nacido en Pórtol y de Bel, natural de Palma que ocupó parte de su vida al cuidado de sus hijos y a las labores de casa. Su descendencia por este orden; Pep, Bartomeu, Petra y Pedro.
¿Qué recuerdos tiene del taller después de cincuenta años?
Hace cinco años que vinimos a vivir a Ariany y todavía no lo he superado. No he vuelto a pasar por delante, siento nostalgia y eso que no podíamos haber tomado una mejor elección, aquí nos han tratado como si fuéramos hijos del pueblo. Mi padre nos enseñó la profesión de herrero a mi hermano y a mí, y le doy las gracias. Fue una vida entera de aprender y disfrutar de un oficio que me dio enormes satisfacciones.
Dejamos el patio, resplandeciente de sol y atravesamos el comedor en dirección a una escalera que nos conduciría a una planta superior, donde Pep tiene su estudio. Rodeados de esculturas, tomamos asiento y…
Vayámonos unos años atrás. ¿Cómo fue su infancia?
Guardo el recuerdo de mi padre trabajando de lunes a sábado, el domingo era sagrado, solo para la familia. Íbamos a buscar setas, caracoles. Durante varios años mis padres alquilaron, luego compraron un apartamento en Sa Rapita y una “barquita” y salíamos a pescar con volantín. Ahí pasábamos los fines de semana y las vacaciones. Ese lugar y esa época para mí, tienen unas connotaciones muy afectivas.
Y de sus tiempo como colegial ¿Qué podríamos contar?
Fui a la Escuela Pública de Santa Isabel. Por mandato nos hacían vestir camisa azul y cada mañana antes de entrar en clase debíamos cantar el “Cara al sol”… en el aula, sobre el profesor la foto del dictador y una cruz.
Era buen estudiante normalmente el primero de la clase, mis compañeros me llamaban empollón, me trataban con distancia, me apartaban y no entraba en sus listas del equipo de fútbol en el patio. Tenía doce años, cuando se celebró un “Certamen de Redacción” en el que participaron escuelas públicas y fui en representación de la mía. Descubrí lo que era la lectura y cuanto me atraía. Un libro no de educación básica, no… ¡Don Quijote de la Mancha! Lo leí en un santiamén y preparé una redacción sobre el capítulo: Sancho Panza en la ínsula de Barataria. Gané el segundo premio; 250 pesetas (que di a mis padres) y el libro Robinson Crusoe.
Un momento crucial en su vida. Descubre la lectura y cae en sus manos un libro que le hace reflexionar… Robinson Crusoe.
No sé cuantas veces leería la aventura del marinero que tras naufragar es arrastrado hacía la orilla de una isla deshabitada y se pasa allí veintiocho años hasta ser rescatado. Me veía reflejado en la soledad de aquel hombre. Era el principio de la pubertad.
A los trece años comienza a pintar al óleo…
Más o menos a esa edad pinté mi primer cuadro y mi hermano Bartomeu con quien he compartido muchos años de profesión, es quien lo guarda.
A los catorce comienza a trabajar…
Quería seguir con mis estudios, pero mi padre me llevó al taller y me enseñó el oficio de herrero. Me hice una estantería metálica para ordenar mis libros y me construí una guitarra de hierro para acompañar a un grupo musical. El invento no salió demasiado bien. A pesar del horario en el taller por las tardes estudiaba en una academia. Superé hasta tercero de bachiller y aprobé un curso de contabilidad.
Llegó el periodo para cumplir con el servicio militar.
A los dieciocho años entré como voluntario en el Ejército de Aviación. Los tres primeros meses de instrucción o reclutamiento los pasé en Zaragoza, el resto hasta un total de dieciocho meses estuve en la Base Aérea de Son Sant Joan en Palma. Tuve tiempo para pensar en mis objetivos de futuro. Acabé la mili persuadido de que quería ser artista.
Y su siguiente paso no fue nada fácil.
Mi intención era marchar a París y contemplar de cerca las pinturas de Monet, Picasso, Mondrian, Manet, visitar Montmartre, mi padre no estaba de acuerdo. Yo estaba convencido y marché por espacio de dos meses. Estuve en el sur de Francia recogiendo uva en la vendimia y con el dinero que gané, me desplacé a la capital y hasta que no me quedó una sola moneda en el bolsillo, no dejé París.
Antes de regresar a Mallorca viví en Barcelona, tendría veintiún años y trabajé como camarero y de lo que salía. De golpe comencé a notarme raro, a adelgazar, y pasé por el Hospital Clínic de Barcelona, donde me diagnosticaron: Tuberculosis ósea que me afectaba a una pierna.
Consternado por la dura noticia, regresa a la isla…
¡Sí! Me pusieron en manos de un especialista, me enyesaron de la pierna hasta el pecho (parecía una momia), pasé ocho meses en cama en el apartamento de Sa Rápita. Venían mis amigos, fue una etapa de poner en orden mis ideas. Leí a Hesse, El lobo estepario, Demian, Siddhartha. Tras esa estancia me incorporé al taller, con la firmeza de trabajar con mi padre y construir esculturas de hierro. Tenía veintitrés años. Eran tiempos de compartir con amigos nuevas ideas en un país dominado por la dictadura franquista. Me involucré en política, pero duró poco.
1974 la población mundial alcanzaba los 4.000 millones de habitantes. Pio Cabanillas había desarrollado una campaña en Europa de “aperturismo”, cuando la mañana del dos de marzo del 74 era ejecutado Salvador Puig Antich. En octubre, Cabanillas sería cesado de su cargo de ministro. En España se anunciaban cambios.
En 1974 surge una generación de artistas en Mallorca, contra la idea de las galerías de solo aceptar pinturas paisajistas. Había que abrir las puertas a novedosas propuestas y se creó el Grupo Criada con una veintena de artistas que presentarían un manifiesto a favor de la libertad artística y social, una áspera crítica a las políticas antidemocráticas y una exposición en la Librería Tous. Más adelante solo quedamos cinco; Vicenç Torres, Miguel Ángel Femenias, Ángel Muerza, Carme Roig y Pep Canyelles.
Se creó en 1977 el I Ciclo de Investigación de Artes Plásticas de Alcudia y lo que presentamos “Bao Dais”, fue censurado antes del montaje, en el Colegio de Arquitectos de Palma una Recreación de la Comisaría de Policía de Palma duró dos días antes que nos obligaran a retirarla por orden del Gobernador y lo mismo pasaría con la Exposición “La Caca”. Nos llevaron ante el Tribunal de Orden Público pero con la muerte de Franco y la proclamación de Juan Carlos I, fuimos amnistiados. Debo significar que el único galerista que apostó por rejuvenecer el arte fue Ferrán Cano que fundó la Galería 4 Gats, dónde conocí a Gerard Matas, a Tomeu Cabot, a José Luis Ocaña, entre otros y expuse en 1979.
Pep formó una familia con (Jero) Jerónima Fernández. Nació Nabil que trabaja en el mundo del teatro y Elisa que se dedica a la informática y reside en Alemania.
Jero y yo nos conocimos entre un grupo de gente inquieta por la cultura, nos reuníamos en el Bar Moderno de plaza Santa Eulalia. Jero es soprano y sigue actuando de vez en cuando, cantando con algunas corales.
Contaré una anécdota que tiene relación con el nombre de mi hijo.
Con Jaume Pinya y Horacio Sapere, viajé a Egipto en 1980 para un Encuentro de Poesía Visual de los Países catalanes y exposición en el Akhenaton Gallery. Alquilamos un piso muy cutre en El Cairo. Visitando las Pirámides y el Valle de los Reyes, en varias ocasiones escuché el nombre de Nabil, me llamó la atención su sonido. Cuando regresé a Mallorca le pregunté a Jero que le parecía ponerle ese nombre a nuestro hijo que traducido significa Gentil. A ella también le convenció.
¿Qué temas son los que le afectan o le preocupan?
Lo que queda después de una vida. En 2015 expuse un trabajo sobre la memoria, que titulé “Futur imperfecte” en la Galería Lluc Fluxá y mi hija Elisa colaboró, realizando un cortometraje. El proyecto comenzó en 2010 con entrevistas a gente mayor, habitantes en residencias. Entrando en sus habitaciones me impregne con cada testimonio de la sensación de soledad que me trasladaban. En una de tantas, un residente me respondió que no aceptaba la entrevista, no insistí y marché. Al girar mi cuerpo, noté que la puerta volvía a abrirse. Acompáñeme - me dijo, y bajamos a la biblioteca. Ramón había sido jesuita y director de un conocido colegio de Palma, fue destinado a Brasil y detenido en una prisión. Tras su liberación vino a Mallorca, se casó, tuvo un hijo, se divorció. – Aquí vivimos abandonados de los nuestros. Lo peor es que mi hijo nunca ha venido a visitarme.
Le pregunté; ¿por qué no intenta hacer vida social? Me contestó que con su pensión solo le daba para pagar la residencia,- ¿Cómo iba a hacer vida social? Una de las preguntas habituales era ¿Qué es para usted la vejez? y respondió contundentemente; - la vejez, es hacerse invisible.
¿Ha tenido tiempo para aficiones?
Antes íbamos asiduamente al cine para ver películas de Fellini, de Godard, de Bergman con El séptimo sello, Fresas Salvajes, Escenas de Matrimonio. Nos encantaban Liv Ulman y Max Von Sydow. Poco tiempo para aficiones.
¿Cuáles son sus libros imprescindibles?
Varios de Herman Hesse, Robinson Crusoe y Hojas de hierba.
¿Qué ha significado para usted el arte?
Ha dado sentido a mi vida. Ha sido perfecto para complementarlo con un oficio como el mío. No cambiaría estas vivencias por nada.
¿Qué ocurrirá con sus piezas cuándo ya no esté?
No lo sé, pero tampoco me importa. Yo habré cumplido con mi cometido y por esa parte estoy tranquilo.
Armarios, cajones, figuras abstractas, jaulas, nos miraban en silencio.
¿Cómo fue la determinación de cerrar su taller, dejar su vida en la ciudad y marchar a vivir a un pueblo? – en ese momento Pep, se puso un pitillo en la boca, absorbió y soltó una bocanada de humo.
Uno tiene una edad y mi hermano me comentó que no quería seguir en el taller, yo solo no podía ocuparme, así que cerramos para siempre.
Me asombra la recreación del hierro en contra o a favor de su voluntad, de su propiedad física o química. Un herrero, en este caso artista, saca del taller el misterio de la fragua, el golpeteo del yunque y los convierte en seres contagiados, fenómenos abismales, con apego a una tradición atávica que nos conduciría a una remota etapa de la humanidad. En un ejercicio de regresión a los orígenes y en el proceso de vuelta a casa, el artista inyecta su magma abstracto y el núcleo se enriquece.
La metamorfosis está servida.
¿Qué opina de la situación actual del arte en general?
Sinceramente creo que se ha empobrecido. Hay múltiples factores contradictorios que condicionan a quienes se dedican al arte hoy en día.
En 1979 sus primeras experiencias con la Poesía Visual, fundamentales en su carrera. En 1985 diseñó las escenografías” A puerta cerrada” de Jean Paul Sartre y en 2007 la de la ópera,”Marina” para el Teatro Principal de Palma. Varias instituciones poseen obras de Pep Canyelles. Cuenta con una legión de amigos y admiradores y hasta 2022 ha expuesto en numerosas ocasiones en Ferias Internacionales, compartido colectivas con distinguidos nombres del universo artístico, en museos prestigiosos y espacios de la geografía de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, Madrid, Tarragona, Holanda, Barcelona, Zaragoza, El Cairo, Amberes, Frankfurt, París, Washington, Bremen, Rostock, Pavía, Andorra, Salamanca, Múnich, Stuttgart, etc.
En 2019 implica a vecinos de Ariany para un trabajo artístico literario.
Con la colaboración de un grupo de mujeres que ejecutaron una tarea encomiable de taller y las personas que se prestaron para las entrevistas, llevamos a cabo un proyecto muy sensible. Me cité con una veintena de habitantes con el objetivo de dejar testimonio narrado de sus memorias. Las mujeres elaboraron unas cajas con fotografías y recuerdos de esas personas. Todo el material quedaría reflejado en un libro titulado: “Capses de Vida”, patrocinado por el Ajuntament d’Ariany y expuesto en el Casal de Cultura Son Ciurana. Ha sido una experiencia maravillosa.
Si uno repasa la trayectoria de Pep Canyelles como herrero y como artista intuye que ha sido muy agitada… ¿Como es ahora su día a día?
Diferente, tranquila. Han sido cincuenta años entregados a un oficio que me ha encantado. Exhibiendo obras que yo mismo creaba, la gente se interesaba por ellas y reconocía mi labor. ¡Qué más podía pedir! Ahora, el día a día se ve desde otra perspectiva.
Aquí no tengo espacio para hacer esculturas grandes y he cambiado el elemento del hierro por la madera.
Las pinturas y las esculturas de Pep en su conjunto son un paradigma para futuras generaciones, ocupan un lugar de privilegio por su conceptuosidad, por su fuerza electromagnética y su interacción gravitatoria, por su parecido con el orden cosmológico y al tiempo con la simplicidad de una raíz natural, ahondada en la tierra.
Entre sus últimos trabajos destaca…
Con Jaume Pinya y Horacio Sapere el proyecto “Mira a veure si…” de Poesía Visual de todo el mundo, incorporando 1.500 documentos a un dossier, se presentó en Es Baluard Museo de Arte Moderno.
Bajamos del estudio al comedor, en las paredes cuelga alguna pintura suya y la mayoría, de artistas amigos. Francisca tomaba sus últimas fotos cuando Pep nos sacó unas cervezas. Le comenté que me alegraba de haberle visitado, y él respondió; - venid cuando queráis.
En cartera hay algunos planes de futuro que aun no se pueden desvelar. Abrimos la puerta y en ese momento sonaban las campanas de la Iglesia de la Mare de Déu d’Atotxa.
Texto: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca R Sampol