Desde el inicio de la pandemia, se estima que un 30 por ciento del pequeño y mediano comercio de Palma ha cerrado sus puertas de manera definitiva. El número cada vez mayor de carteles de "Se traspasa" ha pasado a ser la imagen que mejor refleja la crisis que se está viviendo en los últimos meses. Las patronales del sector han presentado diversas propuestas a las instituciones para intentar paliar la situación en la medida de lo posible, pero en general esas peticiones no han sido atendidas. La realidad en estos momentos deja poco margen para el optimismo.
Hay una Palma que poco a poco se está desvaneciendo, la del comercio de cercanía, que fue la que durante décadas dio vida y riqueza a esta ciudad. Es algo que percibimos cada día, mientras recorremos la Via Sindicat, Los Geranios, Jaume III o las calles adyacentes. Un paseo por esas y otras zonas de Palma resulta descorazonador, ante la constante presencia de barreras bajadas, espacios vacíos y carteles en rojo y negro con un número de teléfono. Comercios, tiendas, restaurantes, cafeterías, colmados... Una buena parte de lo mejor de Palma se está perdiendo hoy de manera irremediable, mientras el listado de cierres y de traspasos, tristemente, de momento se va ampliando día a día.
Con todo, si un comerciante tiene la suerte de que el local sea suyo, "podrá aguantar seguramente", pero si ha de pagar un alquiler y además no pudo ahorrar en años anteriores, posiblemente deberá cerrar. Gayà matiza que no es lo mismo regentar un negocio desde hace varias décadas que haberlo abierto hace sólo dos o tres años. En este último caso, hay emprendedores que "aún están pagando préstamos y muchas cosas", por lo que la crisis económica y sanitaria "los ha reventado". En este contexto, el presidente de Pimeco, Toni Fuster, expresa también su gran preocupación por el momento actual. "La situación es dramática", asevera.
AYUDAS INSUFICIENTES
"El comerciante lo que necesita es que la gente vaya a comprar", enfatiza Gayà, pues si los comercios van haciendo caja, "podrán sobrevivir". Por otra parte, cuando un comercio o una tienda cierran, no sólo se ven afectadas las familias que regentaban esos negocios, sino también los empleados que trabajaban allí, los proveedores, los transportistas y otras pequeñas empresas cuya actividad tenía una vinculación directa con el negocio que ahora ha cerrado. Todas estas situaciones acaban afectando también a la Administración, que deja de tener ingresos derivados de los impuestos que pagaban esas tiendas. "Al final, perdemos todos", sintetiza el presidente de Afedeco.
MIRANDO AL FUTURO
"Mientras llega la vacuna, no podemos estar parados, pues hemos de saber de qué tenemos que vivir hasta entonces, porque no es posible esperar a que llegue la vacuna y no hacer otras cosas", añade Fuster. Así, cree que hay que seguir dinamizando Palma, trabajando por el comercio y luchando para que el consumo se recupere, "para que al menos el poco consumo que hay sea hacia el pequeño comercio y no se vaya a otras zonas". Preguntado acerca de cómo ve el futuro más inmediato, se muestra prudente. "Dependerá de la evolución de la situación sanitaria y de las decisiones que tome el Govern, que acabarán afectando al comercio", concluye el presidente de Pimeco.
"Hasta que no tengamos una vacuna o un medicamento que cure la Covid 19, desgraciadamente no tendremos movimiento, porque la gente no saldrá, no habrá esa alegría de ir por la calle", augura Gayà. "Por eso, estamos insistiendo muchísimo a la Administración, diciéndole que la solución no es mirar hacia otro lado, sino enfrentarse a esta crisis económica mediante medidas que nos ayuden a todos", recalca. Esta última crítica ayuda a entender el motivo por el que Afedeco no asistió el pasado viernes a la presentación de las luces navideñas en Cort. Para dicha patronal, el equipo de gobierno que preside José Hila "vive en una realidad paralela a la que vive el sector comercial".
Tanto Gayà como Fuster abogan, pese a todo, por la necesidad de seguir manteniendo la esperanza y de continuar trabajando por un futuro mejor para Palma. Como escribiera Màrius Verdaguer en su bellísimo libro 'La ciudad desvanecida' hace ya casi setenta años, los palmesanos deberíamos de entender siempre el futuro como la "noble aspiración de días mejores", confiando al mismo tiempo en los posibles avances de todo tipo que nos pueda traer "el porvenir".
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