Palma, paraíso del patinete

Desconozco si un día cualquiera en Palma hay más coches circulando por sus calles y avenidas o más sufridos peatones por las aceras. Lo que sí sé es que, una vez más, el gobierno municipal o no gobierna o lo hace a ciegas sin atender al sentido común.

Para elaborar este artículo me he tomado la molestia de hacer personalmente la prueba correspondiente y no esperar a que me lo diga una fría estadística o los siempre interesados datos que arroja el ayuntamiento de Palma.

Por su longitud y trayectoria, la calle Aragón es una de las arterias principales de la ciudad. Muy transitada y bulliciosa en coche y con incesante trasiego de peatones muchas veces realizando trayectos cortos sobre sus aceras.

Unos 6 kilómetros desde su inicio en las Avenidas hasta su final en el Pont d’Inca, al límite de la ciudad.

Por la tarde, en las horas posteriores al fin del horario escolar, uno empieza a andar como un peatón más por la acera. ¿Cuántos patinetes me han producido un sobresalto, me han obligado a detenerme, o me han forzado a apartarme de mi dirección? 25 en el trayecto de ida y vuelta. Ah, y 4 bicicletas. Todos por la acera.

Es el paraíso del patinete ilegal. Estos artilugios eléctricos tienen prohibido su uso por la acera. Y yo solito me he topado con 25 en un rato. A velocidades imposibles para el manejo ante un imprevisto, con sus conductores sin las luces puestas, casi siempre con los cascos-auriculares cubriendo su capacidad auditiva y en algunos casos con dos personas a bordo (unas un hijo, otras la novia).

En una semana, la Policía Local llegó a anotar casi cien sanciones por estos motivos. Fue en el mes de septiembre en el marco de una campaña específica. ¿Y después?. Nada más. Campan a sus anchas por mucho que ayer mismo se concretara la ordenanza para el uso de estos vehículos, que ahora obliga al casco y al chaleco reflectante.

No hace falta que subraye el hecho de que hay mucha gente mayor que compone el universo de los peatones y que, por inacción municipal y por la desfachatez de los ‘patinadores’, tienen que convivir con estos bólidos de la acera que, por su característica de ‘eléctrico’, no hacen ruido, te atacan por la espalda o te abordan de frente.

Luego, en una colisión con un peatón, ¿qué hacemos?. ¿Denunciamos?. Pues depende. Si un peatón cambia bruscamente de sentido de la marcha andando para acercarse al escaparate de un comercio-algo a lo que tiene todo el derecho- pero al hacerlo topa con un bicho de estos y el piloto cae y se abre la cabeza, ¿qué hacemos?. A ver si le van a echar la culpa al que ha hecho la maniobra a pie.

Es un caos que va a más cuando tenemos un ayuntamiento que ha decidido ‘pacificar´ la calzada poniendo toda Palma ‘a 30’ estresando a los conductores obligándolos a conducir a una velocidad imposible para dar cobijo en ella a ciclistas y ‘patineteros’. Crea un problema sin resolver con vigilancia policial la selva que sigue siendo la acera, que también es de todos, quizás más ‘de todos’ que la calzada. También está por ‘pacificar’.

De vez en cuando tenemos noticias de algún susto. Un día tendremos uno bien serio o nos tocará de cerca y nos llevaremos las manos a la cabeza.

De momento, vamos ronzando el infarto cada día cuando nos adelantan por izquierda o derecha o no se dignan a modificar su trayectoria por mucho que uno vaya por donde le toca cuando le tienen de cara.

Cien denuncias en una semana. El día que yo realicé la prueba hubiera podido poner 29 en un par de horas en una sola calle. El Ayuntamiento sigue sin enterarse.

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