Otro año 20

Se acerca el final de este 2020, un año durante el cual, según parece, solamente se ha producido un gran y terrible acontecimiento, el coronavirus. Y sí, efectivamente, así ha sido. Sin embargo, tapados o desdibujado por ese maleficio se han producido y se están produciendo otros hechos que tienen un punto en común; la mentira. De antiguo le viene al galgo ese defecto; nos está mintiendo el gobierno, con el actualmente decaído Simón ― inmerso en un absoluto descrédito ―, anunciando que nos hallábamos ante una simple gripe o la inutilidad de las mascarillas, hasta llegar a esconder el número de fallecidos, y en ello siguen. Con la quinta tasa de mortalidad más alta del mundo, España en la segunda ola va camino de alcanzar el tope que se alcanzó, desgraciadamente, en la primera, 28.000 fallecidos. Y en ese trámite, ni Iglesias se atreve a visitar una residencia de ancianos, ni Illa a asistir a la inauguración de un hospital exprés ni Sánchez a acudir a otro que no sea de tapadillo.

La economía, nos dicen, es lo importante. Y también en esto nos mienten; las terrazas no son la fuente de la riqueza. Son los organismos internacionales, como la OCDE, quienes nos muestran una realidad completamente alejada de las “magnificas” previsiones de una mujer, ministra, colocada en un pedestal de sabiduría y liberalismo económico del cual la ha bajado el vicepresidente segundo con cuatro mandobles. No hay lugar para crisis gubernamentales. Ni suben las exportaciones, ni suben las carteras de pedidos, ni sube la confianza de los empresarios, ni sube el crédito bancario. Lo único que sí sube es el número de parados, el número de ERES, pagados o no, el número de quiebras y el número de autónomos que echan el cierre a sus empresas o negocios. Pero, el presidente sigue impasible en su senda de confirmación en el poder y su socio de codo encantado de tener a Bildu como participante en el modelo democrático.

Ello será cuando no se dedica a homenajear a etarras liberados.

Y mientras España, con Marlaska al frente, hace cuanto le es posible para alcanzar esos 250.000 inmigrantes que se necesitan para pagar las futuras pensiones. O eso nos cuenta la comunista ministra sonrisas, mientras casi cuatro millones de españoles andan buscando trabajo, cuando no están en las colas de parroquias o de comedores sociales, nunca comunistas ni socialistas, para recibir algo de sustento. Curioso, esa Ministra de un trabajo que no tenemos, con un ministro de la Seguridad Social quebrada, anhelan más argelinos, marroquíes, senegaleses o subsaharianos que vengan a trabajar a la tierra patria. Y de paso, como quien no quiere la cosa, lograr que la civilización occidental se vea henchida de una corriente oriental que la desfigure. En este punto, la lengua vehicular propia, sea la que sea, deberá ser sustituida por la utilizada por el nuevo orden. Entretanto nos entretiene el gobierno con tales promesas, resulta que las nueve asesoras de la ministra de la Igualdad y de las mujeres, o sea, 476.449 euros al año no han sido capaces de aprobar un contrato que no vulnere «nuestro orden constitucional», por discriminación de sexo, o eso ha resuelto un Tribunal. O sea, para llorar.

Y, por último, una cuestión inquieta a la ciudadanía, muchísimo más que el lenguaje inclusivo convertido en manía; la vacuna contra el Covid.

Sus prisas, sus inauditas prisas, nos llevan a repasar la historia. La vacuna más rápida, contra las paperas, llegó tras cuatro años, la de la tuberculosis tardó 13 años, contra el rotavirus 15 años, contra el ébola 5 años, y contra el Covid, un virus que ni tiene tratamiento, ni se sabe como afecta al sistema inmunológico, en cuatro meses ya se pretende sea aprobado por las Agencias del Medicamento, sin una evaluación científica rigurosa, como han sufrido todas las restantes. Un añadido, después de 40 años de su aparición el VIH todavía carece de vacuna.

En otras palabras, y según todo lo leído, la OMS y todos los políticos de este planeta están dispuestos, apresuradamente, a vacunar a la población mundial, siete mil quinientos millones de seres humanos, sin que haya existido un precedente similar en toda la historia. Es la solución a la cual se están agarrando todos los políticos, en especial los europeos, sin tener ninguna seguridad de que, sea la que sea, el alcance será definitivo. Desde la ignorancia no es extraño preguntarse cómo se puede vacunar un virus que ni se entiende, ni se conoce su procedencia, ni sus efectos inmunológicos. En otras palabras, no se sabe como curarlo y se pretende asaltarlo en su desconocida raíz.

Pase lo que pase, este año 2020 será también recordado como otro 20, el 1920, y su mal llamada “gripe española”, importada en 1918 por los soldados americanos desde Kansas, con sus millones de muertos en todo el mundo, de ellos 800.000 españoles.

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