Orgullo ante el fascismo

Aquí este que escribe como muchos ya habrán intuido es gay, es muy gay es inmensamente gay. Desde mis columnas siempre intento aportar mi granito de arena a la causa LGTBI e intento hacer de la visibilidad mi bandera. Seguro que muchos de ustedes pensarán que ya está todo hecho y que ya no hay razones para seguir batallando por nuestros derechos y por ocupar el lugar que nos corresponde. Permítanme que les diga que están muy equivocados porque aún falta mucho hasta llegar a la igualdad real y para que dejen de hacernos sentir ciudadanos de segunda o de tercera. Cada día salen noticias de agresiones, suicidios o bullying a chicxs LGTBI y con la aparición de la ultraderecha no pinta demasiado bien el panorama.

Como la memoria es selectiva yo hasta hace poco pensaba que tuve una infancia feliz y una adolescencia inmejorable pero visto desde la distancia me doy cuenta de que no es verdad. Viví una vida que no era la mía, me pasé mintiendo hasta que cumplí los dieciocho años por miedo a que nadie supiera que yo era homosexual. Hace poco el que era mi mejor amigo de la infancia me decía que no podía entender como yo no fui capaz de sincerarme al menos con él y es que no se pueden imaginar ustedes lo paralizante que es el miedo y como nos impide vivir libres y felices. Es muy duro cuando empiezas a sentir cosas por tu compañero de clase o por alguno de tus amigos y no tienes absolutamente a nadie con quien compartirlo porque crees que si lo dices todo va a ir a peor porque nadie te ha dicho que eso es algo normal. Crecer teniendo el porno como única fuente de información sexual es muy triste y desolador y así nos luce el pelo.

Ojalá me hubiesen enseñado en el cole que lo mío era algo normal. Ojalá me hubiesen dado muchas charlas afectivo-sexuales como las que ahora cuestionan desde la peor derecha antes llamada derecha a secas. Ojalá me hubiesen enseñado a vivir sin miedo. Si dejamos en manos de los padres la educación sexual vamos a ir hacia atrás como los cangrejos porque no nos engañemos, quienes más necesitan estas charlas son los padres más conservadores o más ignorantes para evitar que sus hijos crezcan traumados, viviendo vidas prestadas o en el peor de los casos suicidándose. No permitamos que a nadie más le roben su vida y le hagan vivir la vida de otros en vez de la suya propia.

Los únicos enfermos son ellos. Tienen el alma podrida y les puede el odio. No dejemos que los fascistas venzan. Reaccionemos antes de que sea tarde. Son como un virus que se erradica en las urnas, en los parlamentos, en los ayuntamientos y haciendo mucha pedagogía. ¡¡Aparten sus sucias manos de las escuelas!!

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