Nuevo contrato, nueva era

De repente no solamente se produce un cambio de conducta o de opinión ― véase Marlasca y los emigrantes ilegales de Gran Canaria o el alegado acoso por la Justicia cuando las resoluciones no son las deseadas ―, sino que, sorprendentemente, la mentira es aplastada por la verdad. El líder supremo, untado de miel por el periodista, repitió hasta la saciedad que su gobierno no es social comunista, o social bolivariano, ni contiene ningún contubernio judeo-masónico. No, para el líder supremo, que esconde sus veleidades y disfrutes con el titulo de “seguridad nacional” o “cuestión privada”, su gobierno es democrático, licito, trasparente y eficaz. De social comunista, nada de nada. Obviamente, todo ese cúmulo de secretos y privacidades, sean en Falcon, sean en la Mareta, las pagamos todos con nuestro dinero, ese sí es público.

Lo malo fue que salió el otro líder, el macho alfa y, a la sombra del “hombre demócrata”, Otegi, y del pedante independentista, ​Rufián y su nueva era, no tuvo empacho alguno en anunciarnos que hay “gobierno social comunista para muchos años”. La pintura de Goya, “Duelo a garrotazos”, podría muy bien ser el estandarte de este gobierno social comunista. Los dos líderes supremos, antes abrazados, ahora andan a garrotazos, disimulada e incruentamente. Uno ataca la Corona, el otro calla; uno quiere un SMI más elevado, el otro no lo quiere. Uno quiere desahucios, el otro dice que no se puede. En lo único que están francamente de acuerdo es en implantar la mentira y el nepotismo como instrumento de gobierno.

Es insultante que esos personajes nos estén machando con “quédate en casa”, paralizando a la oposición, como si ella lo precisase. Nosotros, los ciudadanos contribuyentes, en casa, y ellos, la cúpula social comunista de parranda, como la Diaz o la Colau o la Calvo. Naturalmente, el objetivo no es salvaguardar nuestra salud, sino evitar cualquier crítica o protesta a su desgobierno. Que de eso va el “Miniver” orweliano montado por el ya conocido como Ivan Hitchcock y su colega el Oliver. Su verdad solamente surge de sus bocas, aunque rezume falsedad, siendo la “desinformación” perseguida y censurada de forma absoluta, cuando puede dar lugar al conocimiento de la realidad por parte del ciudadano. Los acontecimientos, las acciones y hechos solamente pueden surgir de aquellos que cobran 43.000 euros por cada uno de los 32 programas que la televisión pública escupe a quienes la ven. O del portavoz podemita de Madrid, ladrón de bancos en el “contexto franquista” de 1982. Esos no se censuran, sí lo hace ese “Miniver” cuando la opinión, la crítica huele a verdad y produce grima al gobierno y a sus miembros.

Esa nueva “era” de Rufián y de otro figura, la Bachelet, implica también otro ministerio orweliano, el “Minipax”; hay que crear elementos de distracción en la ciudadanía que alejen su preocupación certera hacia temas menores. Ese entretenimiento debe llevar incorporado algún elemento que induzca al odio, al resquemor, al menosprecio. Años atrás, se montaba una guerra, como la de Irak, y todos contentos, menos los muertos, naturalmente. Ahora, la cosa es distinta, la gente, nuestra gente, no está dispuesta a coger el fusil, pero sí a aceptar que, ante el mal, la mentira, la falsedad, la desidia, no cabe sino la resignación. Y si dice el líder supremo que no hay social comunismo, no lo hay. Y ello, aunque, haya pobreza social, inseguridad jurídica, indigencia económica, miseria intelectual, opresión vital, quiebra moral de la sociedad. Incluso reimplantación de la NKVD con establecimiento del Fiscal como instigador del proceso penal, eliminando al juez instructor. Será entonces cuando alcance toda su aplicación y efectividad la frase de Sánchez, “el Fiscal es del Gobierno”.

Es la nueva era reclamada por Rufián, aplaudida por Otegi, ensalzada por Iglesias e impulsada por la ONU, con la Bachellet, como primera dama. Ya no se trata de leyes justas, sino de principios eficaces `para el fin; solidaridad, fraternidad, ecologismo, globalización, derechos lgtbi, inclusividad, hasta “expertitud”. Son los adoradores del NOM, que experimentan orgasmos ante el hecho de que un sedicente católico, proabortista, pro-eutanasia, pro chino, pro-buenismo, entre en el despacho oval. Y nos hablan de un nuevo contrato social, en el cual, la ONU y la Comisión Europea impongan sus condiciones, es decir, nepotismo, inmigración masiva, cultura de la muerte, prohibición de la libertad de conciencia, e incluso considerar los principios cristianos como peligrosos y discriminatorios para la implantación del tal neo contrato. El informe anual sobre “Libertad de religión o creencias”, preparado por el Relator especial en la ONU, Ahmed Shaeed, concluye que la religión en general ― y la cristiana en particular ― es enemiga de los derechos humanos. Aquel lejano opio de Lenin se ha convertido en un nefasto obstáculo para los derechos humanos implantados. Quieren que olvidemos al barón de Montesquieu, cuando nos dice que “Una cosa no es justa por ser ley, sino que es ley porque es justa”, y aceptemos la peor de las tiranías, la que vive a la sombra de la ley y con apariencia de justicia. En Venezuela, en Cuba, en Nicaragua, saben mucho de ese social comunismo al que llaman democracia. En España, estamos progresando adecuadamente.

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