Sólo los cinéfilos más tradicionales —o más carrozones— parecemos resistir por el momento el empuje de los nuevos formatos. Así, dependiendo de nuestras preferencias cinematográficas, de los metros cuadrados de nuestros respectivos pisos o de nuestras zigzagueantes disponibilidades económicas, podemos llegar a tener en ocasiones una videoteca más o menos coqueta y apañadita en casa.
En esa videoteca suelen convivir a menudo, sin mayor problema, películas consideradas unánimemente como obras maestras, filmes que no pudimos ver en el momento de su estreno, obras pioneras correspondientes a las etapas iniciales del cine, grandes éxitos de taquilla y, posiblemente, alguna que otra excentricidad o rareza. Esa recopilación más o menos heterogénea suele completarse con un grupo muy concreto de películas que nos gustan de una manera muy especial, aun a sabiendas de que tal vez no puedan ser calificadas con cinco estrellas o de que quizás sólo nosotros —o casi— seamos los únicos que amamos esos títulos concretos de una forma casi incondicional.
Suelen formar parte de ese grupo tan específico y peculiar de DVD o Blu-ray muchas películas que vimos por vez primera en nuestra infancia, tal vez en 'Sesión de tarde' o en 'Sábado Cine', o quizás en nuestra primera juventud o en algún interesantísimo ciclo en el antiguo 'Cine Club' de La 2. En mi caso, podría citar en ese grupo de películas favoritas producciones como Duelo en Diablo, El planeta de los simios, La extraña pareja, El guateque, La noche de los gigantes, Ana de los mil días, Los girasoles, Locos de abril, El puente de Remagen, El día de los tramposos, Zeppelin, La huella o La noche americana, entre otras.
Muchas veces compramos ahora esos u otros filmes visionados hace ya quizás cuarenta o cincuenta años aun siendo conscientes de que, tal vez, hoy no nos gustarán tanto como entonces. O a lo mejor quizás sí, quién sabe. El adulto que adquiere ahora esas películas no es, en sentido estricto, la persona mayor y algo resabiada que actualmente solemos ser, sino, seguramente, lo que aún queda de aquel niño o de aquella niña que amaba con pasión el cine y que esperaba siempre con ilusión y curiosidad las películas que pasaban por los dos únicos canales de televisión que entonces había.
Tener hoy algunos de aquellos títulos en DVD o en Blu-ray en casa supone, en cierta forma, volver a recordar quiénes fuimos en algún momento más o menos lejano de nuestras vidas, o, quizás, quiénes seguimos siendo de algún modo igualmente hoy todavía.