Siempre negativo, nunca positivo, incluso aquellos a los que no os gusta el futbol creo que recordareis la famosa frase del entonces entrenador del FCB, el holandés Louis Van Gaal, el hombre estaba harto con los continuos comentarios y preguntas incomodas y mal intencionadas por parte de la prensa deportiva. Esa misma sensación es la que tengo yo con la información que nos llega a diario. Constantes mensajes pesimistas que calan como ese agua fina del norte que parece que no moja, pero sí.
Me he propuesto buscar la cara amable de la pandemia y la tiene. Ha salido beneficiado el medio ambiente, al esfuerzo que ya hacíamos por separar residuos se le unió el parón del tráfico rodado y la industria, hicieron que la contaminación por dióxido de nitrógeno bajara de media en España un 64%, limpiando de un plumazo el aire de nuestras ciudades. Aun sabiendo que era temporal, nos reconfortábamos viendo imágenes nítidas del cielo de Madrid. También hemos vuelto a disfrutar el agua turquesa de nuestras playas desiertas y de la visión del fondo de los canales, revelador lo que han acumulado en su lecho todos estos años en los que no hemos sido conscientes de lo que perdíamos, ya que me niego a pensar que lo tiráramos.
La Pandemia sacó nuestro lado más humano, creció la solidaridad entre nosotros, era como si hubiéramos aprobado todos con nota la asignatura de tolerancia, de la noche a la mañana y sin preámbulos. Comunidades de vecinos que organizaban juegos para entretener a los más pequeños de la casa, otros compartían su talento a coste cero, incluso las fuerzas del orden se prestaban a ayudar con lo esencial a los más vulnerable de nuestra sociedad.
Descubrimos que nuestro país contaba con una gran red de fibra óptica que aguantó sin muchos problemas el incremento del tráfico a diferencia de lo que ocurría en países de nuestro entorno.
Es esfuerzo más grande lo hicimos los españoles de a pie, acatamos situaciones impensables casi sin rechistar. Semanas sin salir de casa como si respirar el aire de la calle pudiera envenenarnos, reducir nuestros sueldos al 70% si estabas en ERTE y a la mitad de la mitad, de la mitad si eras autónomo.
Ahora seguimos incansables esperando un gesto humano por parte de una clase política empeñada en olvidar que no hace tanto estaba del otro lado y que puede volver. Con memoria de pez trasladan discursos que olvidan nada más pronunciar pero que quedan grabados y no sólo en nuestras retinas, al igual que las propuestas que no respaldan ni en sus mejores sueños. Posiblemente es que el resto de los mortales no sabemos interpretar un lenguaje en clave de aritmética partidista.
El vicepresidente Iglesias, hombre trabajador donde los haya, aunque sea cortando el césped de su gran jardín, se saltó la cuarentena varias veces para acudir a su oficina, recordemos que es un aislamiento obligatorio para contagiados y convivientes sancionado con multa. Que ingenuos nosotros que no supimos captar su gesto de buena fe, era para trabajar.
Entonces nuestros políticos con afán de humanidad, solidaridad y quizás algo de vergüenza pusieron sobre la mesa compensar el esfuerzo ciudadano con bajarse ínfimamente el sueldo. Fueron días en buenas intenciones, de mesas redondas, comisiones, pero se quedó en propuesta, otra de tantas que por motivos desconocidos para los votantes no sale adelante. Seguiremos a la espera que la propuesta se materialice y que se amplíe además con una reducción efectiva del Congreso de los Diputados, con una supresión de duplicidades administrativas o gastos absurdos, dicen que no hay mal que por bien no venga…...pero que venga!!