Movilidad eléctrica y turismo

Hace unos diez años, me planteó un amigo la idea de tratar de vender como proyecto a nuestras autoridades un plan piloto para ligar turismo y movilidad eléctrica. Me explicaba que había estudiado a fondo los hábitos de nuestros visitantes y calculado el impacto medioambiental que tendría que los miles de vehículos de alquiler que todas las temporadas circulan por nuestras carreteras consumieran electricidad en lugar de combustibles fósiles. Además, a rebufo de este modelo de turismo ecológico, se desarrollaría en Mallorca la tecnología para ir implantando de forma pionera puntos de recarga, lo que conllevaría que en una década muchos residentes se pasasen al coche enchufable.

La posibilidad de que la isla fuese, además, un referente en I+D+I con relación a esta materia era también muy sugerente. Unir ciencia, respeto por el medio ambiente y desarrollo económico debería ser la máxima aspiración de cualquier político con dos dedos de frente. Además, Mallorca dejaría de ser la isla del turismo de borrachera para pasar a ser el nodo mundial del turismo de movilidad eléctrica ecológica. Un mensaje publicitario irresistible para muchos países europeos.

El planteamiento era brillante, pero chocaba con algunos impedimentos, de los que mi amigo era plenamente consciente. El primero, que la oferta de vehículos -entonces muy escasa- tendría que desarrollarse mucho antes de hacer viable el plan, tanto por cuestiones crematísticas, como en materia de prestaciones. Pero él creía -y así ha sido- que esas eran cuestiones que la industria iba a ir solucionando por sí sola y que únicamente había que centrarse en desarrollar el plan, para encontrarnos preparados en cuanto su aplicación fuese viable.

Con lo que mi amigo no contaba, era con la cortedad de miras de los políticos de la isla, únicamente interesados en aquellos proyectos que se puedan publicitar justo antes de las siguientes elecciones, sin ningún interés en el medio o el largo plazo, de manera que la propuesta cayó en saco roto.

Mi amigo era un visionario, pero acabó chocando con la cruda realidad de la baja estofa de nuestra dirigencia.

Hoy, el planteamiento de mi amigo, que quizás no sea ya tan futurista, resultaría igualmente válido, especialmente en estos momentos que tratamos de salir de la crisis sanitaria y económica en la que aún andamos enfangados con un mejor modelo turístico, más rentable y, al tiempo, sostenible. Han evolucionado mucho los vehículos, su oferta, sus prestaciones y hasta su precio -aunque siguen siendo muy caros-, pero lo que no ha evolucionado en absoluto es la obtusa mente de nuestra clase política.

Se nos ha vendido que se apuesta por el coche eléctrico -sin que se les haya ocurrido aún enlazarlo con el turismo-, pero ni siquiera hemos conseguido que Mallorca tenga una gestión unificada de los puntos de recarga gratuitos, la mayor parte de los cuales son de competencia municipal. Si uno entra en la página del Govern, MELIB, se encuentra con que hay puntos de recarga 'no gestionados', con lo que dicha aplicación no nos sirve para nada más que ubicarlos, pero probablemente cuando lleguemos a ellos necesitaremos una tarjeta específica complicada de conseguir y totalmente descartable si hablamos de un turista con un coche de alquiler.

Por otra parte, muchos municipios no hacen un mantenimiento adecuado de los puntos de recarga. Los instalaron en su día, el alcalde se hizo la foto, y se olvidaron de ellos. Es así de triste.

Un verdadero plan de movilidad eléctrica sostenible implicaría, además, un rápido desarrollo de las energías renovables, pero nos encontramos con que, en Mallorca, grupos políticos que se califican a sí mismos como de 'ecosoberanistas' se oponen incomprensiblemente a los proyectos de parques fotovoltaicos, porque son feos. El famoso perro del hortelano aplicado a la política ambiental.

La realidad es que desarrollar un plan de movilidad eléctrica ambicioso y ligado a nuestra primera fuente de riqueza -el turismo- precisaría de algo más que de fotos de propaganda o de simbólicas compras de unas cuantas docenas de vehículos municipales enchufables. Se necesitan, sobre todo, políticos valientes, con visión de futuro y con sentido de estado. Y eso sí que es difícil de encontrar.

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