A día de hoy es prácticamente una misión imposible que en España logremos llegar a firmar, ya ni siquiera un Pacto por la Educación, ni tan siquiera un principio de acuerdo. El motivo, muy sencillo: la mediocridad de unos y el error en el planteamiento del discurso de otros. ¿Quiénes son los unos y quiénes son los otros? Pues decidan ustedes mismos. Hay donde elegir
Si durante esta legislatura nos hubiésemos preocupado en realizar un análisis pormenorizado de la situación educativa, quizás hubiésemos sido capaces de presentar un documento que reflejase los acuerdos en aquellos temas que todos los partidos políticos coincidían. Porque no se vayan a pensar ustedes que no había esos puntos de unión. Claro que los hay; pero no sólo a nivel nacional, sino también a nivel autonómico. En Baleares, después de haber analizado el documento de “Illes per un Pacte” se llegaron a vislumbrar bastantes puntos concordantes.
Entonces, ¿por qué no se elaboró un nuevo documento en el que se reflejasen esos acuerdos? Pues quizás porque políticamente no interesaba a alguno de los actores de esta burda obra de teatro. Quizás porque tampoco iba a suponer un revulsivo para el sistema. O quizás porque eran ideas de acuerdo común pero inconexas en la idea de qué sistema educativo queremos para nuestro país.
Si no nos ponemos de acuerdo en los pilares de la casa que queremos construir, difícilmente la llegaremos a levantar. Sí, podemos estar de acuerdo en que las habitaciones tienen que ser tres, cuatro o dos; en que tienen que medir doce, catorce o veinte metros; pero con esos acuerdos no alcanzaremos el objetivo final que no es otro que construir la casa.
Pues aquí, en nuestro contexto, ocurre algo similar. En educación ahora mismo no sabemos qué principios pedagógicos tienen que primar en nuestro sistema. Vamos dando tumbos, de un lado a otro, sin rumbo fijo. Unos centros aplican unos acompañados de unas metodologías determinadas, otros centros aplican otros… Nos llenamos la boca de hablar de innovación educativa, pero ¿alguien se ha parado a pensar en si lo que aplicamos es bueno o beneficia a nuestros alumnos? Cada centro es un mundo.
Por eso es crucial tener claro qué gestión de la autonomía de centros vamos a hacer. La autonomía de centros mal entendida puede provocar graves distorsiones que finalmente acaban en el lugar común, “el sistema falla”. El sistema no falla, falla el planteamiento que se hace del sistema.
¿Qué es lo que realmente ayudará a los actores principales de la obra de teatro, es decir, nuestros alumnos? Lo que se proponga con sentido común, con coherencia y con responsabilidad.