La reciente visita a Palma del ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, no ha sido más que un espectáculo de deslealtad institucional y sectarismo. En lugar de buscar el diálogo y la cooperación con el Govern balear de Marga Prohens, Torres dedicó su jornada a reunirse, entre otros, con representantes de Memoria de Mallorca y del GOB, ignorando completamente a los miembros del Ejecutivo balear salido de las urnas.
Este desprecio hacia las autoridades autonómicas no solo es una falta de respeto, sino que también evidencia la verdadera intención del ministro: desgastar al Govern, deslegitimar sus iniciativas legislativas y hacerle el trabajo sucio al PSIB-PSOE.
En un acto que solo puede describirse como un intento de incordiar al Govern, Torres se tomó el tiempo que no tenía para reunirse con Prohens, para criticar públicamente a su Ejecutivo; al presidente del Parlament, Gabriel Le Senne, y a las iniciativas legislativas en tramitación en Parlament, amenazando con recurrir ante el Tribunal Constitucional el Decreto Ley de Simplificación Administrativa.
Torres dedicó su jornada a reunirse, entre otros, con representantes de Memoria de Mallorca y del GOB, ignorando completamente a los miembros del Ejecutivo balear salido de las urnas
Estas acciones son impropias de un ministro del Gobierno de España y un claro ejemplo de cómo el Gobierno de Pedro Sánchez se esmera en hacer oposición a un Gobierno autonómico legítimamente elegido, del mismo modo que semanalmente utiliza la sala de prensa del Consejo de Ministros para atacar al principal partido de la oposición, a su presidente, Alberto Núñez Feijóo y a los gobiernos autonómicos del PP.
La Memoria Democrática es un tema de gran importancia y sensibilidad, y debería ser tratado con el respeto y la seriedad que merece. Sin embargo, Torres ha demostrado que su prioridad no es la reconciliación ni el reconocimiento de las víctimas del franquismo, sino más bien utilizar este tema como una herramienta política para atacar a sus adversarios. La memoria histórica no puede ser un arma arrojadiza en el juego político, y es profundamente irresponsable y peligroso que un ministro actúe de esta manera.
El sectarismo y la falta de respeto mostrados por Torres son indignos de un cargo de tanta responsabilidad. Debería buscar el consenso y la colaboración, especialmente en temas tan delicados como la memoria democrática. En lugar de ello, Torres ha elegido el camino de la confrontación y la deslealtad institucional, demostrando que no está a la altura de las responsabilidades que su posición requiere. Su comportamiento en Palma ha dejado claro que su prioridad no es el bienestar de los ciudadanos ni el respeto institucional, sino la perpetuación de una agenda política divisiva y destructiva.