Un clásico imprescindible, aquella película obtuvo el Oscar a mejor actor y mejor actriz a brillantes interpretaciones de dos grandes del cine. Pero mi encuentro en el aeropuerto nada tiene que ver con aquella comedia romántica del año en el que me casé, pero me encanta la película, el titulo y le viene al pelo a los que nos gobiernan. La mala suerte quiso que el viernes pasado no hubiera vuelo directo desde Santiago de Compostela a Palma y la escala fuera en la Capital. Lo de mala suerte no lo digo porque la incidencia del virus sea mas alta y por tanto las probabilidades de contraer la enfermedad fueran exponencialmente mayores, no.
Resulta que habiéndose celebrado en los días anteriores a mi viaje la feria de turismo FITUR en Madrid, las posibilidades de tropezar con alguna de las cabezas pensantes de las normas para la desescalada en nuestra comunidad eran, altas, muy altas.
Como soy una mujer afortunada y no solo en el amor, el azar no falló, ahí estaba y mira que el avión iba lleno a rebosar. Son esas situaciones en las que personas educadas como yo no hacen por evitar el saludo, sino que se levantan, por supuesto con la distancia de seguridad y cordialmente dirigen unas palabras a la persona conocida.
Mi interlocutor parecía estar esperando el momento de recriminarme los reproches que periódicamente he dedicado y seguiré dedicando desde el respeto, pero con contundencia a la gestión de la dichosa pandemia por parte de nuestra clase política.
Un escueto hola y ahí estaba yo, escuchando el más absurdo de los discursos de alguien decidido a sin preámbulos defender sus decisiones. Como podéis imaginar el grado de estupefacción aumentaba en mi a medida que la conversación avanzaba, era una sensación entre lo estoy escuchando bien o realmente estoy soñando. Su rostro serio y concentrado confirmaban que lo decía completamente en serio. El argumento recurrente de “nosotros no queremos tener la incidencia de Madrid” era la guinda del pastel, mis ojos ya no se podían abrir mas. Mientras pensaba como si yo y todos ustedes disfrutáramos viendo morir a miles de personas.
Escuché pacientemente, aunque más que sorprendida, incrédula y el final de la conversación lo marcó un “al final de este año haremos balance”. Una vez mas como si los que no estamos de acuerdo con las decisiones que ellos toman quisiéramos que las cosas fueran muy mal. Llegados a ese punto rompí mi silencio para explicarle que los ciudadanos y empresarios de esta comunidad autónoma aun siendo críticos con su gestión somos los más interesados en que la situación mejore y que el balance sea lo mas positivo posible, mas incluso que ellos.
Pero créanme si les digo que por mucho tiempo que hubiera mal gastado allí intentando explicarle la dramática situación en la que nos han sumergido, hubiera sido inútil, mi interlocutor no conseguiría jamás entenderlo. Esta persona como muchas otras en cargos públicos nunca se ha jugado ni un céntimo de su bolsillo, es imposible que se pongan en nuestra piel. Para nuestra desgracia no sólo creen que lo están haciendo bien, sino que mejor imposible. Podrían protagonizar una nueva película de titulo peor imposible, aunque les adelanto que por bueno que sea el guión, ni comedia romántica, ni premios, mas bien todo lo contrario, drama y de los malos, es lo que tenemos.