Para los que vivimos en Palma, que somos un poco perezosos, ir a Cala Bona que está a unos sesenta quilómetros de la capital es como realizar un largo viaje. Se tarda lo mismo que ir en avión hasta Madrid o Barcelona. Aunque cuando has quedado para encontrarte con un personaje como el que visitamos esta semana, haría el trayecto tantas veces como fuese necesario. Al llegar a la altura de la localidad de Son Servera (su tierra natal) y sin pasar por el interior hay un desvío en una rotonda que te indica; Cala Bona y a unos dos quilómetros una casa con la entrada siempre abierta con el nombre de Ca’n Xerafí.
Serafín Nebot Oliver, la voz romántica del grupo musical Los Javaloyas nace en Son Servera un 29 de septiembre de 1932, su padre Miguel era herrero de profesión su madre María se dedicaba a cuidar de las faenas de casa. Del matrimonio nacieron tres hijos, Serafín el más joven.
Yo era un feliz niño de pueblo que buscaba nidos en el campo, que me subía a los árboles o nos íbamos a la playa con mis amigos y mis hermanos, en aquel tiempo todo era paradisiaco. Así lo cuento en “Sembla que era ahir”, uno de los dos discos que grabé en solitario, en los que con algo de nostalgia rememoro parajes de mi juventud, pasando horas en la calle y en la playa, hablando de fútbol y de chicas, inventando inocentes carreras de “tonto el último” o nombrando algunos antiguos comercios, como Sa fonda de na Catalina, Ca’n Vidal, Ca’n Ramon o Ca’s Mestre Montserrat.
A la edad de siete años tuve la suerte de que en mi pueblo hubo un buen profesor de música, Lluis Jaume que me alentó a aprender.
El día anterior a su nacimiento lo hacía el cantautor chileno Víctor Jara y ese mismo año llegaban al mundo; Adolfo Suárez, Glenn Gould, Little Richard, Roy Scheider, Peter O’Toole, Anthony Perkins, John Williams, Milos Forman, Ted Kennedy, Michel Legrand, Johnny Cash entre otros, se publicaba el best seller; Un mundo feliz de Aldous Huxley y se aprobaba la Ley del divorcio en las Cortes de la Segunda República Española.
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En agosto de 1936 y con el desembarco del General Bayo, como tantas familias tuvieron que huir tierra adentro y vivieron en una casa de campo durante un tiempo, totalmente desconectados. Allí tenían gallinas y huevos, cerdos y embutidos y los niños tiempo de sobra para distraerse.
Yo era muy pequeño pero recuerdo esa época porque cuando regresamos a nuestra casa estaba en perfecto estado, con algunos disparos de metralleta en la fachada. Para los pequeños aquello era como una especie de juego, no entendíamos nada referente a la guerra. Yo que cada vez me sentía más atraído por la música quería tocar el piano, pero en casa no tenían dinero para pagarme las clases y aprendí gracias a la “dida” de mi padre, clarinete y violín con Toni Oliver al que apodaban “Duro”. Con siete años me iba en tren hasta Manacor. Toni era un tipo muy divertido, casado con una mujer rica que me llevó a tocar a las Cuevas del Drach. Más adelante continué estudiando violín clásico en Palma con un profesor y concertista italiano de nombre Umberto Bisi que tenía una academia de Música y que también se casó con una mujer millonaria. Umberto fue un personaje conocido, solista en la Sinfónica, al que le hicieron un reconocimiento con una escultura en el Casal Balaguer de Palma.
De los catorce a los dieciocho años se integró en el “Plan educando” en la Banda de Música del Regimiento de Infantería de Palma, para tocar el clarinete. Eso le libraba del Servicio Militar y pudo continuar sus estudios y perfeccionamiento con el violín.
Al cumplir los dieciocho tomé la determinación de entrar a formar parte del Grupo Ritmo y Melodía, uno de sus integrantes era Toni Felany y durante dos años tocábamos cada noche en el Trocadero, música variada y jazz. Eso nos permitía vivir cómodamente con un sueldo muy por encima de la de un músico clásico. Fue cuando empecé a cantar.
Corría el año 1952 y Serafín deseaba encontrar la oportunidad de salir de Mallorca, el contacto con los turistas te abría a nuevos mundos. Tuvo varias ofertas entre ellas una de Pepe Denis un cantante de origen mozambiqueño que en aquel tiempo su país estaba bajo el imperio portugués. La propuesta era algo curiosa: podía formar parte del grupo, pero no podría cantar. Casi a la par conoció a Luis Pérez Javaloyas que hacía unos meses había dado inicio a un grupo musical en Valencia y que con el auge del turismo estaban probando fortuna en Mallorca, concretamente actuando en Jack El Negro y Serafín acudió para escucharles. Luis y él sintonizaron rápidamente y este le animó a integrarse a la formación.
En aquel grupo había un lío tremendo, justo en el momento en que surgía la posibilidad de viajar. Algunos de los componentes valencianos, Rafael Mombiedro, Héctor Pérez y Rodolfo Zambrana mallorquín, no tenían pasaporte o debían acudir a filas o por otros motivos rechazaron la propuesta. Luis (fundador, voz, flauta y piano), decidió reflotar en Palma, a los nuevos Javaloyas contando con su paisanos, José Pérez Busquier (violín y voz), Rafael Torres (guitarra y acordeón), con el menorquín Toni Covas (contrabajo) y conmigo (voz, violín, clarinete y saxofón) y de ahí emprendimos la aventura hacía Argelia que era francesa al igual que Marruecos, donde estuvimos posteriormente, luego nos desplazamos a Francia y a Suiza. En la primera actuación en Argel coincidimos con un desfile de Christian Dior. En una de las siguientes lo hicimos para el Sha de Persia en uno de sus palacios, con la satisfacción de tener a la emperatriz Soraya frente a nosotros que aplaudía emocionada. Por la noches nos invitaban a unas cenas inconmensurables, era imposible acabar con aquellos opíparos manjares. Nuestro repertorio estaba compuesto por boleros, rumbas y brasileñas principalmente. Actuamos para el Cónsul de Brasil que al vernos tocar los boleros brasileños nos definió como los ángeles y diablos de la música sudamericana. Nunca supimos si era un insulto o un halago, pero el caso es que no paró de aplaudir.
Al regresar a Mallorca, donde más interpretaciones realizan es en el Hotel Sabina de Cala Millor y precisamente ahí fue donde se incorporó Toni Felany que con sus virtudes, no solo como batería, abrió otras posibilidades al grupo. Serafín cuenta que disponían de un automóvil para transportarse y una vez cargados los instrumentos, parecía el camarote de los Hermanos Marx.
En 1953 viajan a Argel para grabar los temas “Camino de Santo Domingo” y “Cabaretera”, un disco de pasta o goma laca endurecida, para gramófono. A su regreso a Mallorca se habían convertido en un fenómeno musical y social y los contratan para las salas más importantes de la época; Salón Trebol y Riscal y prácticamente los mejores hoteles de la isla se los rifan para que actúen durante los meses de verano.
Todo el mundo quería a Los Javaloyas y yo tenía la sensación de vivir una fantasía. En 1955 nos surgió un contrato en Italia, participando en la película “El soltero” protagonizada por Alberto Sordi, donde interpretamos un cha, cha, chá, con la actriz Abbe Lane quien se convertiría en la esposa de Xavier Cugat. De Italia, recorrimos la Costa Azul y llegamos a Austria. Aquella etapa fue muy intensa, marchamos a Líbano, Jordania, Siria, Irán y a principios de los años 60, firmamos nuestro primer contrato discográfico y grabamos en Barcelona con Belter, luego ya vendrían uno tras otro; Yo tengo una muñeca, La ola marina, Sucu, sucu…
A pesar de dedicarse a este tipo de música más comercial, cabe recalcar el conocimiento de solfeo, armonía, composición, instrumentación y dirección de orquesta que la mayoría de los componentes llevaban en la documentación de su historial.
Coincidieron con The Beatles en Alemania poco antes de que estos dieran el salto a la fama y conocieron a muchos de los artistas que eran ídolos internacionales, con algunos de ellos también compartieron escenario, Charles Aznavour, Luis Mariano, Sophia Loren, Silvana Mangano. Era una etapa radiante.
Pasábamos tanto tiempo fuera de España que cierto día tras un concierto se nos acercó un señor a saludarnos. Cuando vio que no le habíamos reconocido, nos preguntó cuánto tiempo llevábamos lejos del país y se presentó. Era Paco Rabal el actor más popular del cine español y nosotros no le habíamos identificado.
Yo que siempre he sido un enamorado de la música francesa pude asistir a numerosos conciertos, tanto en el Olympia de París, como en el Teatro Nacional Popular. Vi a Jacques Brel, Georges Brassens, Juliette Grecó, Ives Montand…
Entre los años 40 y 50 el cine y la música ocupaban gran parte de los pensamientos y del ocio de la sociedad. Películas como: Lo que el viento se llevó, Que bello es vivir, Casablanca, Ciudadano Kane, El gran dictador, Cumbres borrascosas o canciones como: Singin’ in the rain de Gene Kelly, Madrecita de Machín, El rock de la cárcel de Elvis Presley, Soy Minero de Antonio Molina, Long tall Sally de Litte Richard, The great pretender de The Platters, Chuck Berry con Roll over Beethoven, Nat King Cole, Georges Brassens, entre otros, entretenían a gran parte de la ciudadania.
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Cuando acabó el contrato que habían firmado con Belter, no les preocupó en absoluto estar casi dos años libres. Les sobraba el trabajo.
Durante varios años pasábamos los inviernos en Austria, alguno también en Alemania, para regresar a Mallorca a pasar los veranos para ocupar los escenarios, cada día durante los seis meses.
En el tiempo libre, grabamos más discos en Viena, en París y en Stugartt.
Cuidaban su imagen con un vestuario uniformado de acuerdo con los tendencias de elegancia. Formación o conjunto, formados y conjuntados. La melódica voz de Serafín embelesaba, acompañado por un dignísimo trabajo de voces y de músicos de carrera en el que Los Javaloyas marcaban diferencias.
Nos repartíamos el terreno que creíamos más adecuado para cada uno, para que nadie pudiera quejarse de protagonismo. Eso era un trabajo que Luis dominaba a la perfección. Porque alguna vez, había alguna ficción, algún ego, algo de vanidad, pero con Luis todo regresaba a la sensatez. Yo cantaba los temas más melódicos, Luis y su voz grave ponía las notas más divertidas y Felany, inigualable para cantar unos temas que solo él podía interpretar, como el agudo Cara mía. Tuvo mucho que ver en esta nueva puesta a punto, Miguel Soler. Sus consejos ayudaron a escoger nuevo repertorio, dando más relevancia a los arreglos vocales y aportando calidad a las composiciones propias o a las versiones, ampliando las posibilidades con Beatles, Adamo, Beach Boys.
En el año 1964 y con el contrato de EMI, se afincaron en Mallorca y por un tiempo aparcaron sus desplazamientos fuera de la isla. Editan más canciones; Cala d’Or, El porompompero y con la dirección del Hotel Bahia Palace firman un contrato para actuar en el lugar de más privilegio de Mallorca, la terraza de El Chico, donde cada noche el espacio privado se llenaba mayormente de turistas. Existía una parte trasera desde el que mucha gente se subía al muro para verlos y solicitar canciones. No se prodigaban en demasía a nivel nacional, el mismo José María Íñigo lo comentaba; - Mallorca queda pequeña a Los Javaloyas. Pero ellos se sentían muy a gusto en casa. No obstante eran invitados de vez en cuando para grabar en los programas musicales de televisión.
Nos acomodamos es cierto, pero es que aquí el público nos mostraba tanto afecto, teníamos tanto trabajo y vendíamos tantos discos y habíamos viajado tanto que no añorábamos la aventura. Vendimos unas 100.000 copias de Paradise of love, canción compuesta por Bernat Pomar, Luis y yo, aunque al final aceptamos que la autoría fuera solo de Bernat. Funcionaron muy bien una serie de temas también en mallorquín, Les muntanyes, Tot ja es mort, Bona nit, Ella tornà, de Toni Mus i Toni Parera Fons.
¿Cuál es el tema que más os solicitan en los conciertos?
Un tema que Tony Dallara interpretaría en el Festival Internacional de la Canción de Mallorca y que conseguiría el primer premio; Margarita. Fue uno de esos temas que versionas y superas el éxito del original. Pero hay otras canciones que la gente las hace suyas; Mi verdad, Mis manos en tu cintura, Lina (compuesta por Miguel Soler), Cala d’Or, Sunny, En una isla maravillosa, o el eterno Paradise of love que como he comentado fue el disco más vendido. Los turistas se lo llevaban como un suvenir de Mallorca.
Versionaron la canción ¡Help! de The Beatles, demostrando su dominio coral que aumentaron al adaptar Bárbara Ann y la inconmensurable Good Vibrations de Beach Boys que parecía que el Mediterráneo y California tenían algo en común. Quizá los seguidores de Fray Junípero Serra dirían que sí.
Los juegos de voces continuaron con Mágicos colores de Luis Pérez Javaloyas, Los días Perly Spencer, Vamos a San Francisco que formó parte de su single más vendido, junto a Cuando salí de Cuba en la cara B.
Grabamos también; Y volveré, Va cayendo una lágrima, Quiero volver a mi país, El beso, Nuestro juramento, Amor es mi canción, Un eterno amor, el single Don Simón y Honey que triunfó en Venezuela y en Cuba y nos lo siguen recordando, después de nuestra ya lejana gira por Sudamérica.
A finales del año 68 Toni Felany deja el grupo y se incorporaría a la batería Alfonso Jiménez. A principios de los 70 comienza a mermar su popularidad y graban sus últimos discos como Javaloyas. Hubo un paréntesis en el que el nombre del grupo fue tomado bajo la dirección de Luis Carlos Pérez Javaloyas hijo, pero la fórmula no acabó de funcionar. Serafín se dedicó a su otra pasión musical y se vinculó a la Orquestra Simfònica Ciutat de Palma, dirigida por el coreano Eaktai-Ahn, como violín concertino y pasó a ser profesor del Conservatori Superior de Música de les Illes Balears, hasta que en 1998 se jubilase.
Años después volví a incorporarme al grupo que había seguido conservando Luis (hijo) que curiosamente tiene la misma tonalidad de voz que su padre. Actuamos en Miami ante más dos mil personas y el auditorio se venía abajo. Nos reconocían por la calle, nos pedían fotos y autógrafos.
El Govern Balear y la prensa de Mallorca reconocieron a nuestra banda como la más importante de la historia del archipiélago y en 2006 la Asociación de Intérpretes otorgó a Luis Pérez Javaloyas un premio por toda una vida dedicada a la música.
La banda más longeva del panorama musical español fue homenajeada en 2014 en el Teatre Principal de Palma, rodeados de grandes amigos de aquí y nacionales, Mustang, Lorenzo Santamaría, Diablos, Los Valldemossa, Los 5 del Este, Toni Frontiera, Los Beta, Amigos, Talayots, Pekenikes, Grupo 15, Karina y Dyango mandaron emotivos mensajes audiovisuales y hubo momentos para el recuerdo de los intengrantes que ya no estaban, con el teatro lleno a rebosar y con cerca de trescientas personas que quedaron a la espera de conseguir entrada. Debido a esto se repitió el concierto en el Auditori de Manacor y hubo que colocar gradas supletorias sobre el escenario.
Tal fue el éxito que desde entonces no pararon de ser contratados para galas y conciertos. ¿Qué personas han tenido influencia en su vida?
Ha habido varias, pero quizá entre las más significativas, Miguel Soler por lo determinante que fue en un momento crucial de nuestras carreras y porque ha sido siempre uno de mis mejores amigos y Luis Pérez Javaloyas por infinitos motivos. Cuando le conocí yo era un tipo serio, distante y Luis me enseñó a tener sentido del humor, a entender la vida de otra forma y con él compartí absolutamente todo. Fue amigo, hermano, mentor, compañero de trabajo, confidente. Su muerte, en septiembre de 2007 fue un golpe muy duro. Siempre he notado el vacío que dejó. Le echo tanto de menos que siempre que subo a un escenario me acuerdo de él.
Tuve también un buen amigo Gerárd de Barbentane que venía a ver nuestros conciertos por Francia. Un hombre adinerado, propietario de un castillo y de viñedos en Argelia y en La Borgoña que me impresionó por su sencillez. Se interesó por mis conocimientos musicales y tuvimos largas y profundas conversaciones sobre diferentes aspectos de la filosofía de vida. Continuamente me decía; cásate con una mallorquina y no lo hice. Cuando murió su mujer me llamó para regalarme el violín que ella utilizaba.
Y sin duda he sido amigo de todos los que han sido componentes de Los Javaloyas, estábamos todo el día juntos y nos llevábamos muy bien. Y entre la lista de amigos no puedo olvidarme de Miguel Vives.
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Nos confiesa que después de tantos años, al analizarse se considera una persona sentimental, aunque a veces fue vanidoso y otras pusilánime, romántico y dice poseer la virtud de saber guardar la intimidad, tanto suya como la de un amigo y es rotundo cuando afirma que debemos ser siempre tolerantes y respetuosos con los pensamientos de los demás, sin distinciones de sexo, raza o religión. Lo que más agradece en esta vida, es el cariño que siempre le ha demostrado el público.
¿Cómo pasa los días en la actualidad?
La pandemia me ha cambiado. Me ha alejado de lo que más me gusta. De subir a un escenario, de tener el contacto con la gente.
Habíamos preparado un concierto con la nueva formación y lo hemos suspendido en varias ocasiones. Pero al mismo tiempo eso le ha pasado a gran parte de la sociedad y empresas y familias lo están pasando muy mal. Ojalá pronto las cosas mejoren. Mi buen amigo Miquel Vives vive cerca de aquí y viene asiduamente a visitarme.
Este hombre apreciado y querido por sus amigos, admirado por muchos profesionales, que ha dado la vuelta al mundo en tres ocasiones, que ha visitado decenas de países, que ha subido a algunos de los escenarios más relevantes del mundo, que hipnotizaba a sus fans con su aterciopelada voz y con el azul de sus ojos, hay dos cosas que nunca deja de lado, siempre leer, precisamente ahora tiene sobre la mesa, Las pequeñas infamias de Carmen Posada y continuar siendo un melómano empedernido. Entre sus favoritos nombra al violinista Francisco Fullana.
Tras haber estado una mañana en Ca’n Xerafi, rodeados por un majestuoso y milenario pino y repasar una vida llena de recuerdos, vivencias y anécdotas, me quedo con la frase que él nos ha pronunciado al principio; la vida de Serafín Nebot, es la vida de Los Javaloyas.
Francisca opina que es un lujo hacer fotos a alguien que posa con tanta naturalidad y es que el señor Nebot tiene mucho oficio.
Compartir este tiempo con tan venerado personaje nos permite regresar con la satisfacción de haber documentado una serie de capítulos de nuestra historia musical.
Gracias, Serafín Nebot Oliver, ha sido un honor.
Textos: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca Sampol