Hace ya algún tiempo leí que habría una explicación científica, suficientemente contrastada, para entender por qué nos acordamos de unos determinados sueños y de otros no. Así, si a lo largo de la noche nos hemos despertado en varias ocasiones, es muy posible que sí acabemos recordando algún sueño o al menos algún pequeño retazo de él. Lo mismo sucedería en las horas de duermevela en que hay una mayor actividad en la zona témporo-parietal de nuestro cerebro.
Pasadas ya esas horas nocturnas y una vez levantados ya de la cama, muchos de nosotros solemos experimentar a veces otra posible modalidad de descanso, un poco más ligera, que es la de soñar despiertos, sobre todo con ensoñaciones de carácter sentimental, laboral o económico.
En ese sentido, podríamos decir que tanto cuando estamos completamente dormidos como cuando estamos medianamente despiertos, nuestros sueños suelen ser siempre poco más o menos los mismos, aunque tal vez con algunas ligeras variantes o modificaciones. Así, hay personas que sueñan por ejemplo con el 'cuponazo' de la ONCE, mientras que hay otras que sueñan con la Lotería Primitiva y otras que sueñan con ambos premios a la vez.
Más allá de los posibles sueños personales de cada uno de nosotros, existen además históricamente determinados sueños más o menos colectivos, en especial en los países en donde no hay libertad, al menos tal y como nosotros la entendemos, o en donde hay grandes carencias, esencialmente de carácter social y económico. Esos sueños colectivos suelen ser, sobre todo, sueños de justicia, de democracia, de solidaridad.
Incluso en los países más desarrollados hay también siempre sueños compartidos, de una efectiva igualdad, de una mejor convivencia, de una mayor concienciación por lo que respecta al medio ambiente o de apoyo a las personas más desprotegidas y necesitadas.
Todos esos sueños, tanto los personales como los colectivos, algunas veces se acaban cumpliendo y otras no, a pesar de nuestro a menudo constante empeño e interés en ellos. Quizás las dos condiciones más importantes para que algunos de esos sueños acaben siendo finalmente factibles es que sean de verdad y sobre todo también que no dejemos nunca de soñar.