Este jueves conocíamos la última y gravísima agresión a una profesional sanitaria en Baleares. Una mujer retenía y le clavaba un bolígrafo en el cuello a la facultativa que le había atendido en Urgencias del Centre de Salut Arquitecte Bennàsar, en Palma, después de que esta se negase a recetarle unos ansiolíticos que la mujer exigía.
El episodio acabó con la doctora herida, la atacante detenida y toda una comunidad sanitaria compungida por el caso concreto e indignada por la escalada de agresiones que parece no acabar nunca.
Desde los colegios profesionales y sindicatos advierten que la agresividad hacia médicos, enfermeros, celadores y demás profesionales del ámbito sanitario son cada vez más frecuentes y graves y exigen a la administración soluciones reales.
Precisamente, el centro de salud en el que se produjo este incidente ya había avisado en junio a la gerencia de Atención Primaria de su insostenible situación, con un servicio totalmente saturado, unos profesionales agotados y en mínimos y la ausencia de personal de seguridad. Además, anotaban como dato muy a tener en cuenta el aumento demográfico de la barriada con las consecuentes repercusiones en la presión asistencial, más ahora en tiempos de coronavirus.
Toda la respuesta del gerente, según el Sindicato Médico Simebal, fue una carta repleta de excusas, con un discurso político, vacío y ficticio y sin ninguna solución a las cuestiones que se le planteaban.
El ataque a un profesional de la salud es imputable únicamente al agresor, de eso no hay duda. Pero la responsabilidad de la administración, en este caso del IbSalut, es escuchar a quienes trabajan en el terreno -si están pidiendo refuerzos y seguridad es porque la necesitan- y realizar un correcto análisis de la realidad para entender el porqué del fenómeno y buscar las soluciones para que estos episodios no se repitan, o al menos, no vayan a más.
Convendría no olvidar que el colectivo sanitario ha estado en primera línea durante la pandemia, jugándose la vida y la de sus familias, y que ahora le toca a la sociedad, y especialmente a los gobiernos, devolverles su impagable esfuerzo. Los minutos de silencio, las condenas y las palabras amables son siempre bien recibidas pero no sirven de nada si no vienen acompañados de hechos. La planificación de los servicios, especialmente en Atención Primaria, debe actualizarse al mismo ritmo que nuestra cambiante sociedad.