Nunca pensé que pudiera escribir el artículo que intento hacer ahora. Desde mi más profundo respeto a la convicción de cada uno, no puedo aceptar el engaño y la burla que estamos padeciendo los que pertenecemos a ese grupúsculo, a punto de desaparecer, de los próvida que se cuentan por millones en España y miles de millones fuera de ella.
Si vuelvo a escribir sobre el aborto es para que este tema no caiga en el olvido y se normalice en una sociedad anestesiada ante el sufrimiento de la mujer y la eliminación de seres humanos. Si anestesiada, aunque algunos se escandalicen de lo que está pasando en Afganistán, y es para estar más bien ocupados que no preocupados, en nuestro país se sigue cercenando la vida por nacer.
Algunos nos prometieron derogar una ley que implantaba un nuevo derecho, el del aborto, y dejaba de proteger al concebido no nacido incumpliendo así una, perdón tres, sentencias del Tribunal Constitucional.
Para ello, cuando gobernaron, presentaron un recurso de inconstitucionalidad contra la ley Aido y prepararon un anteproyecto que se aprobó en Consejo de Ministros. Pero no quisieron llevarlo a la práctica no sea que se les tachase de retrógrados, cavernícolas y sobre todo de fachas.
Convencidos como están de que el ADN del nuevo ser concebido era distinto del ADN de la madre que lo llevaba, y por lo tanto, era susceptible de protección se lanzaron a prometerlo y así nos lo creímos, y así fuimos engañados.
La llamaron reforma y no reformó nada. El aborto sigue siendo, lo que algunos intentan imponernos, un derecho y es gratuito en nuestro país incumpliendo un precepto constitucional para reforzar la protección del derecho a la vida.
Es por eso que toca ahora a la sociedad civil, y a los que creemos que la vida es el primer derecho y sin él no se pueden desarrollar los otros, coger el testigo y seguir luchando hasta conseguir lo que la revista Times revelaba hace unos meses, que los próvida en EEUU son ya más que los proabortistas y eso en el país donde se legalizó por primera vez el aborto.
Nos engañaron, se sigue sin proteger a la mujer que es la verdadera victima del aborto inducida a ello por problemas económicos, sociales, familiares, etc, sin protección ni ayuda de la administración, pero esta indiferencia ante el sufrimiento de miles de mujeres un día cesará y por fin se protegerá la vida en cualquiera de sus estadios, desde la concepción hasta la muerte natural. Y en esto nos empeñaremos los que nos llamamos y ejercemos de próvida. No lo duden.