“La opaca selección del profesorado, la impenetrable elección del rector, la obsesiva obtención de cargos y prebendas y las tradicionales zancadillas de los vicerrectores…”, representan una pequeña parte, a modo de introducción, de una interesante novela. De una sugestiva y recién publicada obra de ficción, cargada de realismo, titulada “Novela ácida universitaria. Aventuras, donaires y trapacerías en los claustros”. El texto es de una cálida prosa escrita por el prestigioso y ampliamente galardonado, Catedrático de Derecho Administrativo, columnista y ex Parlamentario Europeo, Francisco Sosa Wagner.
Estos días de asueto, son ideales para conocer las interioridades de una universidad que, hasta la fecha, no muchos han estado dispuestos a contar. Un buen ejercicio, dedicarlos a la lectura de tan verídica como piadosa obra, tal como la define el autor. Adalberto, el protagonista y personaje de ficción, da vida a un joven profesor universitario “tipo”, apocado, de provincias, en su azaroso y burocrático camino que le lleva, pasando por las tenebrosas aguas universitarias, hacia su ansiada cátedra.
Precisamente, en su obra, según sus propias palabras trata de hostigar a los catedráticos burócratas que campan a sus anchas por la universidad española. Profundiza en su amplia problemática, entre las que destaca, entre otras muchas, la imperiosa, obligada y asfixiante necesidad de desarrollarse y crecer en la institución en la que te has formado. O esto, o te quedas fuera del sistema. La posibilidad de cambiar de centro, en las circunstancias actuales, es nula. La impenetrable endogamia, que acompaña a la institución docente desde la edad media, sigue vigente en muchas universidades.
Es especialmente explícito y sarcástico con las oposiciones a titulares y catedráticos, donde según refiere, los miembros del tribunal acostumbran, prácticamente, a estar seleccionados por el propio candidato.
La problemática es especialmente notoria en unos momentos en los que han saltado por los aires la credibilidad de muchos másteres de diversas y significadas universidades. Por las dudas que se han sembrado sobre los tribunales de tesis. Hemos podido conocer el caso extremo del presidente del Gobierno. Su tribunal, de cinco miembros, no incluye ni un solo catedrático ni profesor titular de Universidad.
Al leer el texto, me ha venido a la memoria la carta del bueno de Mateu Orfila, el médico más prestigioso que han dado estas islas, escrita el 17 de agosto de 1805. La misiva, escrita con 17 años, va dirigida a su padre. Refleja la situación de la enseñanza universitaria en la España de principios del siglo XIX, describiendo su experiencia en la Facultad de Medicina de Valencia.
Se resume en unos pocos párrafos. ¡Padre¡, sólo tengo valor para decirle que prefiero antes morir que permanecer diez días más en esta Universidad; antes sería zapatero, sastre, tejedor. Mejor morir de hambre que quedarme perdiendo mi juventud entre bárbaros, como los que aquí habitan.
El escrito se produce tras deslumbrar a sus compañeros y profesores durante un concurso público celebrado en junio, como final de ejercicio académico. Su brillante exposición de fin de curso fue seguida de una denuncia ante el Gran Inquisidor. Sus delitos, consultar libros extranjeros y realizar afirmaciones que la ciencia oficial (la española) no había adoptado. El episodio le dejo a las puertas de la cárcel. Salió por piernas, hacia París, tras pasar por Barcelona, becado por la Cámara de Comercio de Barcelona, donde en pocos años, puso los cimientos de la medicina forense, modernizó la enseñanza de la medicina en todo el país, presidió la Real Academia de Medicina y fue médico de cámara del Rey Luis XVI.
En otro orden de cosas, doscientos años más tarde, hace tan sólo unos meses, el Dr. Onofre Rullán, Profesor de Geografía, denunciaba en el diario Ultima Hora, el funcionamiento de las Comisiones de contratación de profesorado en la UIB. Compuestas por cinco miembros, tres de los cuales son ajenos a las materias curriculares que se debaten, dan por buenas, en sus actas, las valoraciones curriculares aportadas por los respectivos departamentos, representados por dos profesores, casi siempre los mismos.
Paradojas de la vida, el departamento de medicina, que se está creando en el seno de la Facultad de Medicina de la UIB, salvo error u omisión, está representado por dos psiquiatras, doctorados en psicología, que cuentan con el inestimable apoyo de su bióloga de cabecera.
Unos baremos dirigidos a premiar la investigación frente a la experiencia, la apariencia de discrecionalidad en la evaluación de méritos antes de su baremación y la deriva partidista pueden marcar el futuro de la práctica totalidad del profesorado médico de la UIB. Dios nos coja confesados.