Según datos de la DGT cada día 300 conductores dan positivo en España por consumo de alcohol o drogas. La cifra aumenta de forma considerable si tenemos en cuenta los controles de las diferentes policías locales de todo el país. El consumo de alcohol y drogas entre los conductores está poco menos que fuera de control. Los datos oficiales del año 2016 nos dicen que el 26,14 por ciento de los controles dieron positivo en consumo de drogas. En el año 2017 los positivos en droga se dispararon al 41,3 por ciento. Por desgracia, nada hace pensar que al cerrar este 2018 la tendencia vaya a la baja. La cuestión no es menor. La DGT considera que hasta el 50 por ciento de los accidentes de tráfico están relacionados con el consumo de alcohol y drogas.
En Baleares la cosa no pinta mejor. Según un reciente estudio del RACE (Real Automóvil Club de España) los ciudadanos de las Islas lideran la conducción bajo los efectos del alcohol. El 34 por ciento de los conductores de Baleares reconoce conducir después de haber bebido alcohol, nueve puntos por encima de la media nacional que se sitúa en el 25 por ciento, lo que nos coloca a la cabeza de tan dudoso honor. En las Islas hay al menos 1.500 personas fichadas como reincidentes por consumir alcohol y drogas al volante.
Resulta preocupante que el consumo de droga se haya generalizado como algo inocuo cuando se conduce. La Policía Local de Palma, por ejemplo, cerró el año 2017 con un aumento del 5 al 7 por ciento de positivos en alcohol y drogas en los controles aleatorios llevados a cabo dentro de la ciudad. Ya es un hecho constatado que los positivos en droga superan los de alcohol.
Baleares cerró el año 2017 con 59 víctimas mortales en accidentes de circulación, la cifra más alta en diez años. Es innegable que el consumo de alcohol y drogas dispara la estadística. Al furibundo Stalin se le atribuye la frase “La muerte de un hombre es una tragedia. La muerte de millones es una estadística”, si bien no hay constancia alguna de que en realidad la pronunciara. Tal oscura frase debería llevar a la reflexión de que ni los controles aleatorios, ni las patrullas de la Guardia Civil, ni la mejora de la red viaria servirán de nada si no deja de considerarse como normal el consumo de drogas y alcohol. De seguir así corremos el riesgo de llegar a creer, como Stalin, que los muertos son sólo estadística y que no hay vidas truncadas tras cada noticia de un accidente.