Los malditos mil millones

Una vez más nos equivocamos al situar en el punto de mira del presupuesto educativo una cantidad de dinero determinada. Los lectores que me sigan semanalmente conocerán que en mi opinión lo importante no es la cantidad de dinero que invertimos en educación sino cómo lo invertimos. Lamentablemente, a día de hoy, a pesar de tener un presupuesto para educación para 2017 de siete puntos superior al de este año 2018, no sabemos cómo se va invertir ni de qué manera.

La situación educativa, actualmente, en Baleares es complicada. Somos la comunidad autónoma con mayor número de alumnos y la comunidad donde casi duplicamos la media de España en número de alumnos extranjeros que se incorporan de manera tardía al sistema educativo. Ello implica que los recursos que tenemos que dedicar a la atención a la diversidad son muy elevados con el consiguiente gasto en personal que implica. Pero tampoco es menos cierto que nuestras infraestructuras educativas necesitan “ma de metge” y que necesitamos construir más colegios e institutos. Con lo que la suma de estos dos factores nos dispara el gasto educativo a proporciones desmesuradas.

Los mil millones de euros que se van a invertir en educación este próximo 2019 en el archipiélago podrían sí ser suficientes. La crítica de la Federación de Padres y Madres, FAPA, sobre la inversión educativa aludiendo a que no cubre el tanto por ciento del PIB prometido por el Govern queda huérfana y vacía de contenido con la tesis que vengo defendiendo sobre este asunto.

Si analizamos desde un punto de vista de cifras el presupuesto para educación, el problema se agrava ya que en términos generales, tal y como he apuntado más arriba, se tiene que dedicar más del 60% a pagar nóminas. El gasto real de inversión por alumno en España se sitúa por encima de los 6500€, cifra superior a la de otros países en los que los resultados académicos son mejores.

Es por ello que se hace imprescindible en la sociedad actual conocer de nuestros gobernantes cuáles van a ser las líneas de actuación, cómo van a optimizar los recursos de los centros educativos o en qué partidas van a destinar ese dinero. De lo que se trata, en definitiva, es de llevar a cabo una gestión pública eficaz, ecuánime, responsable y profesional. Pero este hito nunca se conseguirá hasta que no acordemos la hoja de ruta que queremos para nuestro sistema educativo.

Con el dinero que invertimos, recalco invertimos y no digo gastamos, los resultados académicos de nuestra comunidad autónoma deberían ser mejores de lo que son. Es por ello que se hace imprescindible analizar la situación actual, introducir elementos de corrección y aplicar medidas concretas que vayan encaminadas a la mejora del sistema con los recursos que tenemos. No se trata de invertir más por invertir más. Se trata de invertir mejor.

Baleares junto con Andalucía, Canarias o Ceuta, desde 2013, están por encima de la media de la pobreza educativa en España. En Baleares hay un profesor por cada once alumnos. En España la media se sitúa en casi trece alumnos por profesor. La tasa neta de escolarización en la enseñanza obligatoria y no obligatoria en Baleares está por debajo de la media nacional. Somos la comunidad que encabeza el listado de abandono escolar temprano. Y así podría ir enumerando otros muchos indicadores. A simple vista parece que esos mil millones no serían suficientes para arreglar este desaguisado, pero quizás si cambiásemos la manera de gestionar, la tendencia sería otra. Necesitamos afrontar un cambio de concepción acompañado de un cambio de cultura. Primero deberíamos decir qué necesitamos y después cuantificarlo. La lástima mayúscula es que se aprobarán estos presupuestos y no sabremos en qué nos gastaremos los malditos mil millones.

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