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Lo gratis lo pagas tú

El nuevo presidente de argentina, Javier Milei, está haciendo un cursillo acelerado a su población sobre cómo funciona el dinero. A diferencia de otros políticos al uso, al menos Milei habla claro y no intenta engañar a sus conciudadanos, algo digno de mención en tiempos cargados de eufemismos y análisis retorcidos de estadísticas cargadas por el diablo.

En el artículo 209 de la ley Ómnibus acaba de prohibir que un organismo público emplee la palabra “gratuito”, “gratis” o similar.

Así es. Las prestaciones gratuitas no existen. Milei obliga al organismo público a aclarar que el servicio que ofrecería “gratis”, en realidad se trata de una prestación libre de acceso, financiado con los tributos de los contribuyentes. Clase magistral pero incompleta.

Así como sabemos que, en lo privado, si un producto es gratis el producto eres tú, normalmente a cambio de toda la información personal que regalamos a las Big Tech y es empleada en su interés económico; en lo público, los bonos de transporte gratuitos, los cheques regalo, los bonos culturales, el ingreso mínimo vital o la futura paga universal y todo lo que se presenta gratuito forman parte de los gastos públicos.

¿Por qué no hay nada gratis? Para saber quién paga esos gastos supuestamente “gratuitos” basta ver cuál es la fuente de esos Ingresos que les dan soporte. El detalle aparece en la Ley de Presupuestos Generales del Estado que se aprueba cada año. Ya les adelanto que la mayoría proviene de nuestros impuestos. Usted, yo, nosotros, somos quienes pagamos la fiesta aunque otros sean los políticos que anuncian las ayudas quienes se atribuyan el mérito.

Solo con lo que pagamos de Impuesto sobre la Renta e IVA aportamos el 65% de los ingresos anuales del Estado. Recuerden que pagamos muchos más impuestos a todos los niveles: estatal, autonómico y municipal.

Lo que le falta concretar a Milei es que lo gratis no solo lo pagan nuestros impuestos actuales sino también nuestros impuestos futuros porque normalmente el Estado gasta más de lo que ingresa y ese déficit se financia con deuda a devolver a varios años. Es decir, se pide prestado a la banca (verdadero ganador en todo este entramado) un dinero que también se pagará con nuestros impuestos de años futuros. Como esa deuda se suele refinanciar, el exceso de gastos (incluidos los “gratuitos”) puede que los lleguen a pagar hasta nuestros hijos.

Hablando de pagas universales gratuitas, tengo una pregunta para usted: ¿Se mostraría favorable a que cada ciudadano recibiera una paga del Gobierno de 2.300 euros al mes durante el resto de su vida?

No tengo duda de que, ante un referéndum en ese sentido, en España arrasaría el Sí. Somos el país de la cultura de la paga y de la incultura financiera porque pensamos que lo gratis no tiene coste.

Pues deje que le diga que en Suiza hicieron un referéndum en 2016 con esa misma pregunta y ganó el No. Los suizos se caracterizan por tener una buena cultura financiera y votaron que No porque esa medida tendría un coste muy alto para el Estado y debilitaría la economía.

Existe una gran cita de Margaret Thatcher que lo resume de manera certera: “Si el Estado quiere gastar más, solo lo puede hacer pidiendo prestado de tus ahorros o cobrándote más impuestos… No existe el dinero público. Solo existe el dinero de los contribuyentes”.

Sea vía préstamo o vía impuestos, el Estado necesita de nuestro dinero para poner la máquina del gasto en marcha.

De ahí se derivan algunas importantes conclusiones. Primero, si somos nosotros quienes ponemos a los políticos y les damos algo muy preciado, como es nuestro dinero, para que lo gestionen, deberían ser perfiles expertos y no, como encontramos, que la mayoría no ha tenido puestos de responsabilidad en la gestión. Segundo, no deberían engañarnos sobre la procedencia del dinero que gestionan y, tercero, no deberíamos maltratar a quienes aportan más dinero en el fondo común que gestionan ¿no creen?

Poco a favor he visto en los últimos años. Se ha gastado dinero (“nuestro dinero”) en dudosas campañas, ayudas y Ministerios de escasa o nula rentabilidad socioeconómica. Se ha mostrado desprecio hacia quienes contribuyen más a las arcas públicas, haciendo que algunos se vayan del país a contribuir fuera. Y además, nos han engañado culpando a Putin de la mala gestión o condonando deuda a Comunidades Autónomas a cambio de votos de investidura.

Y cuando la inflación, que ellos crearon, penalizó nuestros bolsillos, no deflactaron los impuestos acompasándolos a la mayor recaudación derivada de la subida de precios. Hacienda hizo récord de recaudación en 2022 mientras nos ahogábamos con la mayor presión fiscal que provocaba la inflación.

Se olvidan de que nosotros les pagamos su sueldo. No existen los sueldos públicos porque, como dijo Thatcher, no existe el dinero público.

A pesar de esos erráticos comportamientos descritos de los últimos años les hemos vuelto a votar. La cultura de las pagas gratis, junto a una escasa cultura financiera de la población, ha permitido que se perpetúen en el poder. Y lo saben.

Pero cuidado; estos aspectos han tenido mucho que ver en la deriva ruinosa que ha tomado Argentina en las últimas décadas.

Empezamos 2024, el año chino del dragón, único ser alado del horóscopo chino que, según dicen los chinos, tras haber tocado fondo nos impulsará hacia arriba. Feliz 2024 y feliz vuelo hacia la prosperidad.

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