Estos días nos han anunciado las Tormentas de verano que suelen ocurrir habitualmente en nuestras islas.
Esta tarde han comenzado con una fuerte granizada, que ha hecho que Palma se quede desnuda de los residentes y solo se ven por la calle a los extranjeros y a los que no somos de aquí.
Para mí que vengo de una tierra de lluvias, estas tormentas son una alegría.
El aroma a hierba mojada, el asfalto refrescándose y las gotas de lluvia sobre mi cuerpo, me despiertan el alma y hacen que se refresque todo en el ambiente.
No obstante es muy curioso que a los residentes no les gustan mucho, parece que se asustaran con el agua.
Yo en la oficina siempre les digo a mi equipo : « tranquilos no os vais a arrugar », pero siento el miedo en las personas por esas tormentas y lluvias.
Los que somos de tierras húmedas, como el norte de España, sabemos que no ocurrirá nada si eres precavido y que es un placer ver esos cambios de la naturaleza.
Siempre digo que a Dios le encanta jugar con nosotros y por eso hace que de vez en cuando los angelitos hagan de las suyas en el cielo.
¿Qué haríamos si no tuviéramos estos cambios climáticos ?
Estas islas nunca hubieran sido tan atractivas como lo son.
No poseeríamos estos montes verdes, no habría la preciosa vegetación con la que contamos y no disfrutaríamos de los cambios de estaciones.
A mi particularmente me encantan la primavera y el otoño que con los años fueron desapareciendo y nos quedamos casi con dos estaciones, el caluroso verano y los 4 días de frío invierno.
Pero recuerdo los días en los que podíamos sacar nuestras Americanas del armario y después nuestros abrigos y en primavera comenzábamos a lucir nuestros vestidos con medias claritas hasta que llegaban los primeros rayos de sol que acariciaban nuestra piel.
Recuerdo los distintos aromas causados por la humedad, al igual que el olor a crema solar del verano, en la ilusión de los primeros copos de nieve entre los dedos de la mano.
Estas tormentas pasarán y volveremos al calor de los últimos días de mes y de septiembre para dar paso a un deseado otoño que traiga esas chaquetas de los armarios y las reuniones con amigos en los cafés de Calle San Miguel.
Mientras tanto, querido amigo lector, disfruta del frescor de estos días que en breve llegará a su fin.
¡No temamos la lluvia, ella siempre nos traerá riqueza si hemos sabido esperarla con alegría y ganas de vibrar con nuestras emociones !