El Gobierno central mareará la perdiz todas las veces que quiera, pero se ve a la legua que su objetivo es hacer prospecciones para encontrar hidrocarburos en el subsuelo del Mar Balear. Van en este sentido las declaraciones efectuadas en Palma por secretario de Estado de Energia, Alberto Nadal, se mire por donde se mire. Ahora no buscan petróleo, sino gas. Naturalmente todo el proceso será "avalado" por informes de impacto ambiental, faltaría más. Pero la realidad es que Madrid sigue obcecado en horadar a la brava muy cerca de las costas turisticas para embarcarse en el negocio de los hidrocarburos, que dañan la imagen y el prestigio de Balears y podrían poner en peligro su fundamental fuente de riqueza.
Las posturas están cada vez más definidas. El Govern balear, con José Ramón Bauzá a la cabeza, y toda la sociedad civil de las Islas, incluídos los empresarios, estan radicalmente en contra de un negocio madrileño que puede poner contra las cuerdas la economía balear. El Archipiélago lleva más de medio siglo aportando a Madrid mucho más dinero del que recibe. Miles de millones de euros se van cada año a la capital en impuestos y no regresan jamás. Es un expolio insoportable, sobre todo en tiempos de crisis. Pero eso no le basta al Gobierno central. Ahora viene el doble expolio. Le toca el turno al subsuelo marino. Se van a llevar los hidrocarburos baleares por la cara, sin preocuparles si provocan un desastre medioambiental y una catástrofe turística. No lo tienen en cuenta. El gas es pela fresca, muchísima pela fresca. Y como está en el mar es toda suya.
La resignación balear, demostrada a lo largo de décadas y décadas de agachar la cabeza, también tiene un límite. Madrid se muestra vergonzosamente cicatero con la financiación autonómica. Mira por encima del hombro a una comunidad pequeña y periférica. Y se aprovecha al máximo de sus recursos. Y cuando quiere más, monta explosiones bajo las aguas para mantener su tren de gasto a todo gas. Es intolerable, insolidario y letal para Balears.