Las incongruencias del sistema

Desde la aprobación de la LOMCE en el 2013, han sido muchas las voces discordantes sobre diversos aspectos que se refieren a la educación de nuestro país. En un principio, parecía que todos estábamos por la labor de llegar a un acuerdo y blindar aspectos fundamentales con la finalidad de no distorsionar el esqueleto del sistema. Pero, lamentablement no pudo ser así y la falta de altura de miras ha provocado que a día de hoy estemos envueltos en una nueva modificación de la ley de educación. España es uno de los pocos países del mundo en los que la norma educativa es tan volátil.

El sistema tiene muchas incongruencias. Es cierto. Pero no es menos cierto es que la resistencia al cambiotambién es muy alta. A día de hoy, el profesorado está totalmente desmotivado por varios motivos: ha perdido la autoridad, la burocracia le sepulta en su actividad docente, y la carga lectiva es mayor. ¿Y esto se arregla con financiación?. Pues no necesariamente. Invertir más dinero no es directamente proporcional a obtener ni mejores resultados ni conseguir que el sistema mejore de la noche a la mañana.

La sociedad evoluciona. Este axioma está aceptado por todos. Si consideramos que la educación es parte de la sociedad, la educación también es algo cambiante y a lo que el sistema se debería adaptar. Pero una adaptación total, no valen medias tintas. El sistema tendría que ser más flexible. ¿Para qué? se pueden preguntar algunos. Pues para adaptarse a la realidad de nuestros alumnos. La diversidad puede que sea uno de los conceptos que mejor definan la educación española del siglo veintiuno.

Desde hace algo más de una década se introdujeron las competencias básicas en el currículum educativo español. Ahora ya les hemos cambiado el nombre y se denominan competencias claves. Por supuesto, un profesor aplicado es aquél que las trabaja en clase porque hay que cumplir la norma. Además, a nuestros alumnos les decimos que en el aula haremos un trabajo competencial. Sin embargo, y aquí viene lo más gracioso, en la evaluación, les seguimos tratando con un número. Pues ésta es una de las incongruencias. Uno de mis alumnos me preguntó hace unas semanas: Profe, ¿yo soy competente en lengua castellana? Pues a día de hoy todavía no le he sabido contestar.

La metodología es otro de los diamantes en bruto del sistema. Un diamante difícil de pulir. Externamente, leemos y escuchamos informaciones muy atractivas; pero la realidad es bien distinta. Las dinámicas de la mayoría de las aulas de nuestro país se basa en: pizarra, cuaderno, examen. Y así, pretendemos que nuestros alumnos estén motivados para el aprendizaje de nuestra asignatura.

¿Puede mejorar el sistema si seguimos así?

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