Mientras los ciudadanos se esfuerzan en reconducir su situación en un horizonte de limitaciones y de autocontrol pandémico algunas formaciones políticas dedican sus escuálidas propuestas a la confrontación.
Sus energías se concentran en deslegitimar la transición. En intentar desvirtuar por tierra, mar y aire las distintas acciones legislativas con amplio soporte social y político que nos han llevado al periodo más largo de paz y desarrollo de la historia de España.
La salida a una confrontación bélica y a un largo periodo de dictadura deja heridas de difícil cicatrización. De ahí la importancia de los pasos compartidos por la práctica totalidad de los españoles, las formaciones políticas y sus representantes orientados a construir un país en paz.
La hoja de ruta que nos llevó al referéndum para la ley de reforma política, la autodisolución de las Cortes franquistas, la legalización de los partidos políticos, las elecciones libres y constituyentes, la Ley de Amnistía y el referéndum de aprobación de la Constitución fueron ejemplares. De hecho, se ha convertido en un tránsito admirado por muchos países en recorridos parecidos, como el que los españoles se orientaron hacia la libertad.
La transición española fue todo menos sencilla. Se basó en la concordia y en algo tan difícil como la renuncia de todas las partes para asumir los espacios de consenso. Conseguido lo más arduo, abrirse al futuro con respeto a las sensibilidades, sin reabrir heridas, intenta ser dinamitado.
Se están impulsando potentes corrientes que intentan reescribir el recorrido, fuertemente regadas con los impuestos de todos los españoles que encuentran su amplificación en el pacto que mantiene a todos los que quieren destruir España.
Se ha instaurado la moda autolítica de llegar al poder sin líneas rojas. Con el único objetivo de ocuparlo. El consorcio de independistas, comunistas y sanchistas se ha convertido en la tormenta perfecta para desandar todo lo avanzado.
Hasta el punto de que les inquieta, molesta y preocupa todo lo que sea progreso y convivencia pacífica en la medida que nos les da poder ni les presta votos. Hace 44 años que el franquismo se disolvió. Los esfuerzos del consorcio para reanimarlo y poder utilizarlo en sus ardides electorales es cada vez mayor. Poco o nada les importa el enfrentamiento y la regresión social y económica que conlleva a una sociedad que se ha labrado su futuro con el sudor de varias generaciones.