Capitalismo, ahorro y trabajo duro. La conjunción de estos tres factores es la solución a la pobreza. No lo digo yo, aunque lo suscribo con matices, sino que lo dice el catedrático de Economía de la Universidad de Santiago de Compostela, Miguel Anxo Bastos.
Este gallego culto de acento cerrado es una de las voces más cualificadas para hablar de socialismo y capitalismo. Durante su etapa como estudiante universitario se declaró abiertamente seguidor de la corriente socialista. Posteriormente pasó a las antípodas tras el contacto con autores liberales como Mises y Hayek.
Defiende el modelo capitalista como única solución a la riqueza de los países y sus habitantes y compara el gran descenso en niveles de renta de la Cuba precastrista anterior a 1959 (con un PIB similar al español) y la situación actual (recuerden las movilizaciones del pueblo cubano el mes pasado por la escasez de alimentos). O la multiplicación exponencial de la renta de Corea del Sur que, tras abrazar el capitalismo en 1960, pasó de estar en niveles similares a los de Honduras, Sierra Leona, Marruecos o Sudán se ha colocado en la actualidad por encima de España y cerca de Italia y Francia.
De las tres patas que propone el profesor Bastos como solución a la pobreza, el capitalismo es el marco ideal para que se desarrollen las otras dos, al permitir la libertad para la negociación entre las partes (incluso para determinar precios y salarios) y la propiedad privada, aspectos que un entorno socialista puro no se dan al estar basado en la imposición (no en la negociación) y la propiedad de los factores de producción pertenece al Estado.
Dentro de un entorno capitalista, el trabajo duro y la frugalidad, es decir, aquella forma de vida que consiste en gastar lo necesario y ahorrar lo máximo posible, permiten avanzar en la consecución de la riqueza individual y familiar y, por tanto, ir abandonando la pobreza. Este es, sin embargo, un camino largo.
Me viene a la memoria la figura de nuestros abuelos y padres que trabajaron duro y ahorraron para, con los años, poder tener un rinconcito o comprar una segunda vivienda para disfrutar o, lo que es mejor, alquilar y obtener una renta a cambio.
Mi matiz al triángulo del profesor Bastos viene dado porque el progreso no solo se obtiene con el trabajo duro sino que existen otras maneras de obtener riqueza como, por ejemplo, haciendo que el dinero trabaje para nosotros (lo hace incluso mientras dormimos) y genere más dinero. Para eso se deben hacer inversiones que generen riqueza, generar ingresos pasivos, recurrentes en el tiempo, o incluso emprender un negocio. En el momento en el que las inversiones y los negocios permitan obtener la libertad financiera, el trabajo duro podría, si se quisiera, pasar a la historia.
Para el profesor Bastos, hay que explicar la riqueza y no la pobreza porque este estado es el habitual. La pobreza siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. Lo extraordinario es la riqueza que apareció con la mentalidad capitalista, con la máquina de vapor como base tecnológica que permitió aumentar productividad de los trabajadores y el ferrocarril que hizo lo propio con la distribución de la producción. Esa prosperidad se fue expandiendo poco a poco por el mundo, reduciendo la pobreza por allí donde iba.
En un contexto como el actual, con la dificultad económica que aporta la pandemia y la ingente impresión de dinero por parte de los bancos centrales, las palabras del profesor Bastos deben ser completadas. Previo al trabajo, se debe obtener una sólida formación que permita acceder a un trabajo cualificado con posibilidades de obtener un mayor salario y nunca se debe abandonar la senda de la educación y mejora continua. La formación no es un coste, es una inversión en uno mismo.
Una vez conseguido un trabajo, adquiere plena validez lo de llevar una vida frugal para conseguir ahorros pero eso sí, una vez obtenidos, inviértanse antes de que la inflación que provocará esa enorme impresión de dinero se coma su valor.
El profesor Bastos es una de esas voces que hacen reflexionar y deben ser escuchadas. Según él, si Stalin, Marx o Fidel Castro hubieran tenido acceso al conocimiento de cómo funciona el capitalismo, además de la visión socialista que fue la única fuente de conocimiento de la que bebieron desde una edad muy temprana, el mundo hubiera ido mejor. Él bebió de las dos y sabe de lo que habla.
La pluralidad de puntos de vista en la educación es un valiosísimo activo que todos deberíamos probar. Lo increíble es que se encuentra al alcance de un clic de ratón. Y además es gratis. Eduquémosnos en la pluralidad para tomar las mejores decisiones.