La sanidad pública ha muerto

El Govern de les Illes Balears ha liquidado el Servicio de Atención Primaria en menos de un año. El servicio que permitía a los ciudadanos de Balears disponer de un médico de cabecera a quien consultarle sus dolencias, así como una enfermera personal, se ha ido al traste gracias a la pandemia del Covid-19 y a la incompetencia supina, terca e inconmensurable de la consellera de Salud, Patricia Gómez, y de su pareja, el gerente del Ib-Salut, Juli Fuster. El tándem se ha demostrado más pernicioso y destructivo para el excelentísimo sistema balear de sanidad pública que les han bastado nueve meses y medio para liquidar la red de centros de salud, ambulatorios y PAC en los que se atendía a los pacientes de Balears.

Incluso llegaron a sacar pecho un día de que la excelencia del sistema ahora arrumbado era tal que se atendía hasta a los inmigrantes sin papeles, a quienes se volvió a otorgar la tarjeta sanitaria que el PP les había arrebatado inhumanamente. Ahora tener tarjeta no garantiza la asistencia mínima ni siendo español de nacimiento y con ocho apellidos mallorquines.

El miércoles pasado mi madre de 80 años pasó la noche en Urgencias de Son Llàtzer por una crisis hipertensiva. Al recibir el alta, una doctora me indicó que pidiese cita con el médico de cabecera para que le prescribiera la correspondiente medicación, si procedía. Al día siguiente tenía una cita telefónica con el médico que había pedido una semana antes. Me llamaron del Centro de Salud Escola Graduada una sola vez y no pude responder al teléfono porque estaba conduciendo. Fui allí personalmente y en recepción me dijeron que no me preocupara, que llamarían más veces. Nunca sucedió.

El viernes solicité nuevamente cita y me dieron hora para el día 9 de diciembre, 11 días más tarde. Entonces casi se habrán cumplido 14 días desde que fuimos al hospital y no habré contactado con el médico de cabecera de mi madre. Así están las cosas.

No voy a mencionar aquí el desastre que supone tener centros de salud inundados ni centros como El Carmen que se cierran, ni el desastre acaecido en el Hospital Mateu Orfila de Menorca. Solo diré que la Atención Primaria en Mallorca no está operativa porque si no son capaces de atender ni telefónicamente a un paciente en un corto espacio de tiempo, como antes sucedía, es porque las cosas van realmente mal. Lo denuncian también los profesionales sanitarios a quienes el Govern desprecia hasta el punto de birlarles el aumento salarial que les corresponde.

Y pensar que en esta tierra se armó la marimorena cuando el Govern de José Ramón Bauza anunció que se cerraban dos hospitales y que ahora, con más de 400 muertos por la pandemia, sin médicos de cabecera que atiendan a los pacientes y con listas de espera quirúrgicas que causan vergüenza, no pasa absolutamente nada. Nos dejan sin médicos cuando más los necesitamos y encima presumen de buena gestión.

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