La sangre de los nuestros

Imágenes crueles, descorazonadoras y ríos de tinta han fluido esta semana a través de los medios. Millares de sirios huyen despavoridos de la guerra y la muerte que está asolando su país. El objetivo es llegar a Europa en busca de refugio. Lo han perdido todo: casa, trabajo, familiares, amigos.., son refugiados de guerra. Y en su arduo peregrinaje hacia la Europa de la justicia y la comprensión, unos son recibidos a palos y culatazos en la Macedonia del Gran Alejandro y otros malviven olvidados en las cunetas de caminos fronterizos mientras las grandes potencias se disputan a la baja el mercadeo de carne siria.

Para la Europa de los grandes no existen personas, seres humanos; simplemente números. Todos formamos parte de su engranaje económico-financiero.

Un ejemplo es nuestro negligente presidente. En un principio se negó  a asumir la cuota de refugiados que le exigía Bruselas. Se lo habrá pensado mejor al tener elecciones a la vuelta de la esquina y por consiguiente ha reaccionado, tarde y mal, como nos tiene acostumbrados.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a la mayor crisis de refugiados que recibe Europa tras la segunda guerra mundial. No hay que olvidar que refugiados no son solo los sirios que huyen mientras su país queda reducido a escombros. Son igualmente refugiados, lo declaren oficial o no las autoridades incompetentes, todos aquellos seres humanos que huyen del  hambre, la guerra, la enfermedad y la muerte en busca de un lugar donde sobrevivir. Da lo mismo que vengan a pie o en patera. Que sean blancos, negros o amarillos. Son nuestros hermanos. Cada uno de ellos es nuestro prójimo. Pero a muchos y en especial a los apoltronados dirigentes de la Europa de las mil maravillas no les apetece verlo. Y cuando la situación se agrava gracias a la denuncia de organizaciones humanitarias y a la presión de los medios de comunicación, deciden reunirse para parchear algo el problema sacándose alguna chapuza de la chistera.

Queridos lectores; ¿os habéis preguntado porqué hay tantos millones de seres humanos que huyen del horror de sus tierras que los han visto nacer? ¿Qué sucede con África y con Oriente próximo entre otros lugares? La respuesta es casi tan larga como la sucesión de infamias y destrucción que han asolado tantos pueblos. Y en muchos casos por el interés y con el beneplácito de nuestra Europa civilizada, la América del gran sueño y la poderosa Rusia. Y como siempre las multinacionales detrás. No importa la tiranía ni el holocausto. Los negocios son los negocios. Sólo es carne que sufre y muere. La sangre de los nuestros.

 

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