Ayer dio inicio la quincuagésima edición del Trofeo SAR Princesa Sofía, conocido mundialmente como “el Sofía”. Pocas competiciones deportivas en el mundo pueden presumir de cincuenta ediciones de forma prácticamente ininterrumpida. Sólo la edición que coincidió con la marcha verde se nos privó de la regata por cuestiones logísticas.
Mi toma en contacto con la regata fue en el año 1980 donde participé como regatista en la edición de ese año; así hasta alrededor de unas diez ediciones y en los años siguientes formar parte de comités de regatas y jurados internacionales.
Posteriormente me involucré en la organización de la regata ocupando los cargos de máxima responsabilidad. Pero esta última cuestión no viene al caso pues el Sofía no es de nadie y es de todos. Resulta imposible hacer una relación de todas las personas que en alguna de las ediciones han echado una mano, son miles a buen seguro.
Si algo aprendí cuando estuve en la organización y se sigue postulando en la actualidad es que el Sofía es para los regatistas, puede parecer una obviedad pero no lo es. El deportista en esta regata se siente especialmente mimado porque se le mima. La organización se vuelca en su bienestar y en ofrecerle unas regatas de máxima calidad. Esa es la idea central de la organización, la regata de los regatistas.
La regata que viví en 1980 en nada se parece a la que se disputa en la actualidad; este año, en la presente edición la regata vuelve a batir marcas, 1224 deportistas, 869 embarcaciones participantes y 67 países representados.
A esas espectaculares cifras hay que añadir entrenadores, fisioterapeutas, jueces de regata, organización, nutricionistas, médicos, y se darán cuenta de que estamos hablando de un monstruo. Miles de metros de bodegas de ferris, billetes de avión, habitaciones de hotel o apartamentos, compras en el súper y toneladas de spaghettis. Que no nos expliquen cómo se hace la desestacionalización.
Está en el Sofía cualquier regatista olímpico que sea o quiera ser algo en este deporte. Se juntan los últimos campeones olímpicos con los últimos campeones del mundo y de Europa; no existe competición en España, y probablemente en Europa, del nivel deportivo del Sofía.
Aquí han estado leyendas de la vela, Gancedo, el duque de Arión, Hjornaes, Schumann, Grael, Coutts, Parada, Lange, Calafat, Ainslie, los hermanos Doreste. Y me estoy dejando a muchos grandes campeones.
Decía que siempre que se hace una relación esta es injusta pues siempre dejas a alguien fuera y se siente molesto, para evitar eso sólo citaré cuatro nombres, don Jaime Enseñat, el creador de la regata, amigo de los Reyes, de lo que jamás presumió, y amigo de sus amigos, siempre añorado. El Almirante Marcial Sánchez Barcaiztegui que con su mano izquierda embaucó e implicó a la Armada en los transportes, el otro día aún recordábamos la anécdota celebre del rescate de tropas por la marina civil de soldados en Dunkerque en la segunda gran guerra. También añorado Almirante.
Siguiendo con la relación, y sé que soy injusto, debería haber muchosmás, mis amigos Jaume Carbonell y María Antonia Ferrer. Desde el anonimato, como muchos otros, y privando horas a la familia y al sueño han trabajado durante muchos de esos cincuenta años por y para la regata hasta límites inauditos.
Tampoco puedo olvidar a Johannes Haeulp, regatista austriaco fallecido en la edición del 2002, único fallecido durante la regata de los miles y miles que han participado. La Virgen del Carmen a buen seguro hace horas extras en estos días. Seguro que Pepe Campos no olvida ese momento, como tampoco lo he olvidado yo que recogí en tierra su cadáver como responsable de la organización. El Mar nos da y nos quita.
Algunos le hemos dedicado un tiempo en una etapa de nuestra vida a esta regata, hemos contribuido con nuestro granito de arena para tener en la actualidad la mejor regata del mundo. Gracias a todos los que de alguna manera han cooperado porque el éxito también es suyo como también lo es de la Reina Sofía, que tanto ha apoyado su regata. Que pasen un buen día.